Los lienzos de Chagall se caracterizan por sus pinceladas vagas, sus colores profundos, su particular inclinación por el azul y un repertorio de tropos recurrentes entre los cuales figuran músicos, gallos, azoteas, flores y amantes que flotan en el aire. Rebosantes de encanto etéreo, sus composiciones solían estar plagadas de referencias complejas. En ellas combinó no solo los colores y las formas, sino también sus raíces judías con su experiencia parisiense, las expresiones de fe con los gestos de amor, los símbolos de esperanza con los testimonios del trauma.
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