El número de diagnósticos de trastornos mentales, TDAH y autismo aumenta día tras día entre la juventud. Como consecuencia, los centros de salud mental están colapsados y se produce un incremento desmedido de la medicalización como vía de alivio más inmediata.
Sin embargo, ¿es este proceder el más eficaz a largo plazo? ¿A qué sistemas recurren los diversos países? ¿Hasta dónde llega el interés de la industria farmacéutica por fomentar la mercantilización de estas patologías? ¿Qué deberíamos considerar «normal» y qué merece realmente un tratamiento?
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