Cuídate de mí, amor mío / cuídate de la silenciosa del desierto». Este verso de Alejandra Pizarnik aparece escrito con esmalte de uñas en la pared de un callejón, junto al cadáver mutilado de un hombre. La primera en descubrirlo es la profesora Cristina Rivera Garza. Tras avisar a la policía, es interrogada por una detective en homicidios que le pide examinar la fotografía de la escena del crimen. Al reconocer de inmediato el verso, la profesora se convierte en informante clave del caso. Pronto aparecen nuevas víctimas junto a otros poemas, lo que apunta a un asesino en serie. La detective comienza una lista de sospechosos, mientras que la profesora recibe la primera nota siniestra de alguien que las está acechando.
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