Ejercer la crítica literaria y cultivar el ensayo de ideas, con vócación esteticá de estilo y bajo el signo de la poesía, como antidoto contra la aridez conceptual y la oscuridad argumentativa, representa una tarea de equilibrista. Combinar el rigor, la información, la comunicación, la claridad y la erudición en prosa de imaginación, ha sido un desafío intelectual y, al mismo tiempo, una estimulante y entusiasta forma de practicar la crítica con criterio, sin caer en el vacío de la opacidad ni en la mudez abstrusa del sinsentido. Este ejercicio intelectual demanda inteligencia, imaginación y placer por los libros y pasión por la lectura.
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