Santo Domingo, 1982. Ochenta familias han pagado durante años sus aportes al Sistema de Atención en Salud Dominicana — el SalDom — y nunca han recibido lo que les correspondía. Pero no solo eso. Lo peor es que algunos murieron porque no había dinero para las cirugías o para los medicamentos. Reembolsos negados, cartas sin respuesta, Funcionarios que nunca están disponibles. Cuatrocientos diecisiete millones de pesos desaparecidos a través de once sociedades fantasma y una cuenta secreta construida por manos expertas para no ser encontrada.
Elena Vargas acepta el caso. No será fácil. Detrás de los Funcionarios corruptos hay alguien más arriba, alguien con los grados y las protecciones necesarias para mantenerse intocable. Los testigos tienen miedo. Los documentos desaparecen. Y alguien está vigilando el despacho de Elena con una atención que no augura nada bueno. Pero Elena Vargas no es de las que se detienen a mitad del camino.
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