Existe algo que muchos lectores llaman ''resaca literaria" esa especie de vacio emocional, de intranquilidad que dejan ciertas novelas después de terminadas. Lukio San Domingo me dejó exactamente en ese estado. Luis R. Santos ha construido no solo una obra maestra, sino un espejo donde la sociedad dominicana puede mirarse, si se atreve. Porque esta es nuestra realidad, es la realidad de los niños que vemos todos los días en los semáforos, en las esquinas, en la Winston Churchill.
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