Operación Biting arroja luz a uno de los momentos históricos más emocionantes y menos conocidos de la segunda guerra mundial.
En su nuevo libro, Max Hastings narra la historia de la Operación Biting, uno de los asaltos de comandos paracaidistas británicos más emocionantes y probablemente el más exitoso de la segunda guerra mundial.
En febrero de 1942, la inteligencia de la RAF descubrió una nueva red de radar alemana en la costa de la Europa ocupada conocida como Würzburg. Esta innovación tecnológica ponía en jaque a las fuerzas aliadas, así que la inteligencia británica propuso un asalto para capturar componentes clave. La operación se llevó a cabo la noche del 27 al 28 de febrero, cuando 120 hombres de las Fuerzas Aerotransportadas fueron lanzados en paracaídas sobre Bruneval, Normandía, en medio de una tormenta de nieve. A pesar de errores de cálculo que dejaron a algunos soldados lejos de su objetivo, lograron desmontar el radar enemigo, enfrentarse a la Wehrmacht y escapar por mar en un audaz rescate hacia Portsmouth.
Max Hastings relata este episodio histórico lleno de suspense con detalles previamente no documentados, a la vez que retrata los personajes clave involucrados: desde el científico que diseñó la operación hasta el carismático Lord Mountbatten, pasando por el ingeniero Charlie Cox, quien desmanteló el radar, los agentes secretos franceses que arriesgaron sus vidas en misiones de reconocimiento y el mayor John Frost, líder de los paracaidistas en acción. Operación Biting arroja luz a uno de los momentos históricos más emocionantes y menos conocidos de la segunda guerra mundial.
Año 1803. Domingo Badía Leblich, un ilustrado catalán con una mente brillante y un espíritu aventurero, recibe una misión secreta del gobierno español. Con el respaldo del poderoso Manuel Godoy y el rey Carlos IV, adopta la identidad de un príncipe musulmán, Alí Bey el Abbassí, y parte rumbo al norte de África con un doble propósito: estudiar el mundo islámico y recabar información clave para la Corona. Desde las bulliciosas calles de Tánger hasta los suntuosos palacios de Fez y Marrakech, Alí Bey es acogido como un noble extranjero, un sabio versado en la cultura islámica. Sin embargo, tras los banquetes y las recepciones diplomáticas, se esconde una peligrosa red de alianzas, espionaje y traiciones. Sus informes detallan las fuerzas militares del sultán de Marruecos, la influencia francesa y británica en la región y la posibilidad de que España recupere su poder en tierras africanas. Pero su audaz empresa no se detiene allí. Su viaje lo lleva a cruzar el Mediterráneo, adentrándose en los dominios otomanos. En Egipto, Palestina, Damasco y Constantinopla, debe sortear la vigilancia de espías enemigos, la desconfianza de los ulemas y los peligros de su propia identidad secreta. Su mayor hazaña, sin embargo, será su llegada a la ciudad santa de La Meca, un territorio prohibido para los no musulmanes.
El 12 de febrero de 1781 una expedición española conquistaba el remoto fuerte inglés de San José, cerca del lago Míchigan. España extendía así su dominio a ambas orillas del Misisipi y marcaba una nueva frontera en el corazón de Norteamérica. Era el apogeo de su vasto imperio.
La conquista española olvidada rescata no sólo la épica toma de aquel estratégico puesto, tras una odisea de setecientos kilómetros sobre el hielo y la nieve en lo más crudo del invierno, sino también la desconocida historia de la Luisiana española, un inmenso territorio que se extendía desde el golfo de México hasta el borde con Canadá, y la entrada de España en una guerra a gran escala contra Londres que propició la independencia de las colonias británicas y el nacimiento de los Estados Unidos de América.
Tras rastrear archivos a ambos lados del Atlántico, el autor ha accedido al acta del siglo XVIII por el que los españoles tomaron posesión del fuerte San José y la amplia región al sur de los Grandes Lagos, de Illinois a Míchigan. Nunca hasta ahora se había reproducido el original, que dormía el sueño de los justos en una biblioteca de California. Lejos de ser una mera anécdota, aquella incursión impactó de lleno en la negociación de las fronteras entre España y los Estados Unidos, como demuestran las cartas desde París del propio Benjamin Franklin, una disputa que se alargó durante años.