Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea. Según el autor, no estamos ante una aceleración del tiempo, sino ante la atomización y dispersión temporal -a la que llama disincronía-. En la disincronía, cada instante es igual al otro y no existe ni un ritmo ni un rumbo que dé sentido y significación a la vida. El tiempo se escapa porque nada concluye, y todo, incluido uno mismo, se experimenta como efímero y fugaz. En consecuencia, la muerte es un instante más, un final a destiempo. Esto invalida la vivencia de la muerte, en Nietzsche y Heidegger por ejemplo, como consumación de una unidad con sentido. El presente libro sigue el rastro, histórica y sistemáticamente, de las causas y síntomas de esta disincronía. Pero también reflexiona sobre la posibilidad de una recuperación. El final del tiempo como duración narrativa no tiene por qué traer consigo un vacío temporal. Al contrario, da lugar a la posibilidad de una vida que no necesita de la teología ni la teleología, y que a pesar de ello tiene su propio aroma. Pero para ello es necesario un cambio. En palabras de Byung-Chul Han, «la crisis temporal solo se superará en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno.»
Este libro es un viaje al corazón de la guerra para entender el valor crucial que tiene para las víctimas poder prestar testimonio cuando solo les rodea impunidad. Y, también, una reivindicación del oficio de narrar como una forma de reconocer la dignidad del otro, preservar la memoria y desafiar a quienes quieren imponer el miedo y la crueldad. Porque, en tiempos oscuros, difundir la verdad es un acto radical.
La colección Endebate es el hogar de aquellos textos breves que presentan una opinión, defienden una actitud o cuentan una historia, pero son más un aperitivo que un banquete, estimulan la conversación más que saciarla e inician un festín (que no clausuran). Como los mejores bocados, entran por los ojos y dejan un largo poso en el paladar.
En este libro, publicado en 1975, y dedicado a un hijo que la autora esperaba y que sin embargo perdió, Oriana Fallaci se dirige a quien no teme la duda, a quien se pregunta sin descanso el porqué, a quien se plantea el dilema de dar la vida o de negarla. Esta obra inclasificable, que fue un gran éxito editorial, trasciende, no obstante, lo puramente autobiográfico, partiendo de la reflexión sobre sí misma y su pasado para adentrarse en una lúcida meditación sobre la disyuntiva de la maternidad. Oriana Fallaci fue una pionera del periodismo y de la literatura, y una estrella mundial en ambas facetas. Ferozmente independiente, es ya un mito de nuestros días y una escritora imprescindible cuya obra sigue tan vigente hoy como en el tiempo de su publicación.