Sobre el nacionalismo se escribe mucho: a favor, los que aspiran a tener un Estado propio; en contra, los que ya lo tienen. De nacionalismo habla este libro, pero en otro sentido, porque cuestiona toda forma de pertenencia, llámese esta Estado, Patria o Nación. El libro arranca con una mención de la torre de Babel. Aquella gente quiso construir una ciudad monolítica que fracasó porque no se pudo impedir que se hablara y pensara por su cuenta. Se insinúan ahí dos modelos de convivencia: el de la ciudad cerrada, apegada a la tierra, o el de la dispersión que siguió tras el fracasado experimento. La humanidad no aprendió la lección. Pensó, con Aristóteles, que solo es humano el que pertenece a una polis e inhumano el apátrida. «Tierra de Babel» desmonta ese equívoco originario siguiendo la pista de la minoría que sí supo leer lo ocurrido convirtiendo la diáspora en forma de existencia. En un momento como el actual donde el Estado da signos de agotamiento, porque hay emigración y porque hubo Auschwitz, la diáspora se presenta como la alternativa posnacional al nacionalismo.
En el siglo vi d. C., Oriente Próximo estaba dividido en dos grandes imperios: el romano y el persa. Cien años después, el romano ya no existía y el persa había quedado fragmentado. Esta época en declive, caracterizada por las pugnas territoriales y religiosas, abrió camino al origen, forja y triunfo de un nuevo imperio global y, con él, una nueva religión universal: el islam.
El reconocido escritor Tom Holland nos transporta a un mundo antiguo convulso y trepidante para descubrirnos una de las narraciones más arrolladoras y trascendentales de la historia humana. Rastreando las fuentes más primarias sobre su procedencia, responde a las incógnitas sobre el nacimiento y los ideales que promueve el islam, y nos muestra cómo los árabes llegaron a forjar un dominio asombrosamente vasto en cuestión de décadas, creando una civilización imperial cuyos aspectos perduran hasta nuestros días.
El espíritu de epoca contemporáneo definido como Posmodernidad ha instaurado la quiebra de la racionalidad, herencia del pensamiento ilustrado. Es consecuencia de la deconstrucción, ariete del poshumanismo que caracteriza una sociedad líquida regida por la inteligencia emocional y por un pensamiento debil que rechaza los grandes relatos legitimadores y que asume con la posverdad el imperio de la mentira.