María Hesse cuenta en El placer cómo fue su camino hacia el despertar sexual, una senda tortuosa sembrada de vergüenza y desconocimiento, que sorteó gracias al sabio ejemplo de mujeres que supieron iluminar la ruta del placer para que otras la recorrieran más ligeras. Ese libro dio pie a otro, Malas mujeres, en el que sigue la pista de otras mujeres que también se salieron de las líneas caprichosas que los hombres habían trazado para ellas. Mujeres osadas a las que a menudo llamaron locas, fatales, brujas o sencillamente malas —de Madame Bovary a Sarah Connor, de Juana la Loca a Yoko Ono o de Helena de Troya a Monica Lewinsky—, y que Hesse reivindica como referentes en los que inspirarse para ser simplemente mujeres en el mundo en que vivimos.
Jerusalén es, a la vez, la capital de un poder político, objetivo de mil batallas, conquistas y destrucciones a lo largo de los siglos, y la ciudad santa de tres religiones: el lugar destinado a ser el escenario del Juicio Final profetizado por el Apocalipsis. Simon Sebag Montefiore ha logrado el prodigio de evocar en estas páginas sus tres mil años de historia, contados a través de las vidas de quienes los protagonizaron, en una nómina que incluye reyes, políticos, conquistadores o profetas, de Salomón a Lawrence de Arabia, pasando por Abraham, Jesús o Mahoma, por Saladino, los cruzados, Suleimán el Magnífico o Winston Churchill, sin olvidar a la infinidad de hombres y mujeres comunes que han vivido, amado, sufrido o luchado en sus calles.
¿Es verdad que Jesús nunca existió como muchos afirman? Y si se acepta su historicidad, ¿cómo sabemos qué fue lo que dijo o hizo verdaderamente? ¿Hay sistemas o métodos para averiguar qué es histórico y qué no en lo que se cuenta de Jesús? ¿Qué valor tienen en general textos, los evangelios, que se nos han transmitido sobre él desde tiempos remotos? O también, ¿cómo se puede obtener algo que se acerque a la verdad de tanto como se ha escrito sobre Jesús, en especial desde la época de la Ilustración? Y por fin, ¿por qué los estudiosos en general parecen rechazar arbitrariamente unos pasajes de los evangelios como «falsos» y aceptan otros como «verdaderos»?