A las chicas les duele la barriga porque el sexismo afecta a todo el mundo, todos los días ya sea de manera evidente o sutil, simple o compleja. ¿Por qué a las chicas les duele la barriga? es un manifiesto feminista que denuncia el malestar que sienten las mujeres desde la infancia hasta la edad adulta en una sociedad que no las perdona. Este manifiesto vio la luz en forma de fanzine en 2014. Después de venderse varios cientos de copias, la obra renace como un libro ilustrado con un texto enriquecido y apoyado por ilustraciones realistas y poderosas. ¿Por qué a las chicas les duele la barriga? ha sido concebido para provocar el debate, reflexiones y acciones en torno al feminismo y la lucha por el respeto a los derechos de las mujeres. En tanto que mujeres blancas privilegiadas, la autora y la ilustradora son conscientes de que su experiencia vital está muy lejos de ser como la de tantas y tantas mujeres en el mundo. Este libro, por tanto, no es una descripción integral de todas las realidades vividas, sino que intenta crear una toma de conciencia del sexismo cotidiano y de otros sistemas de opresión que sufren las mujeres y las niñas de todo el mundo.
En 1565 Richard Breton edita en París Les Songes drolatiques de Pantagruel, una colección de 120 estampas grabadas en madera por un autor anónimo, que las firmó utilizando el nombre de Rabelais. El artista desconocido que grabó las estampas pudo ser François Desprez. Una selección de 25 estampas de Desprez fueron la inspiración directa de la serie de 25 litografías de Salvador Dalí tituladas también Les Songes drolatiques de Pantagruel. Dalí mantuvo las composiciones originales, introduciendo pequeños detalles que subrayaban su carácter fantástico. El imaginario carnavalesco pasa por el filtro de la «paranoia-crítica» daliniana, en una expansión de la estética de lo grotesco. Ese ciclo satírico-surrealizante sirve como pretexto visual para revisar a ese artista extravagante que llegó a decir que «la belleza será comestible o no será». Dalí canibaliza el mundo pantagruélico y nos invita a degustar un menú que es más inquietante que sabroso.
El poder frente a sí mismo es una forma de mostrar algunos de los múltiples rostros que presentan el dominio y su figura gregaria, lo social. Destellos que dibujan ciertos contornos de la sociedad mexicana sin llegar a plasmar una figura definitiva. Hoy en día el poder es percibido como algo malo, como algo que hay que erradicar del trato fraternal de las nuevas conciencias democráticas que tanto trabajo les ha costado conquistar a los recién emancipados ciudadanos mexicanos. Sin embargo, este tipo de percepciones lo único que logran es traslucir no sólo una ignorancia cada vez más de moda en estas cuestiones, sino, sobre todo, una hipocresía con respecto a los anhelos de todos aquellos que hablan emboscados en la conciencia social. El poder, como su propio nombre lo indica, es la fuerza que hace que las cosas sean, la capacidad que hace posible que el deseo se objetive, pero, más que cualquier otra cosa, la forma en que la existencia se afirma. Dicho con otras palabras, el poder es la fuente máxima de vida, aun y cuando solamente pueda ser disfrutado en forma de espectáculo. Qué puede causar más regocijo que contemplar a alguien realmente virtuoso ejercer todo el poder del que es posible.