En 1945 Europa se encontraba en sus momentos más bajos. Gran parte del continente estaba devastado por la guerra, los asesinatos en masa, los bombardeos y el caos. Amplias zonas de Europa del Este empezaban a caer bajo control soviético para cambiar un despotismo por otro. En la actualidad, la Unión Soviética ya no existe y las democracias europeas llegan hasta la frontera de Rusia.
Postguerra narra la rica y compleja historia del camino que hemos recorrido desde entonces hasta ahora, una historia que avanza bajo la sombra permanente de la guerra: la recuperación europea de la ruina, el declive y la caída del comunismo soviético, el auge del Mercado Común y la Unión Europea, el fin de los imperios europeos, la relación difícil y cambiante del Viejo Continente con la memoria de la guerra y con las dos grandes potencias que la flanquean: Rusia y Estados Unidos.
Salomón Leví cambió su kipá por la tonsura y pasó a llamarse Pablo de Santa María: además de prelado de su Burgos natal, acabaría siendo toda una autoridad en la corte de Castilla, así como asesor de Benedicto XIII en el papado aviñonés. La suya es solo una de tantas historias como protagonizaron los llamados conversos, pero, siguiendo sus pasos a través de los lugares que él y otros miles pisaron, David Jiménez-Blanco ha reconstruido insólitamente los escenarios de la presencia judía en la vieja Sefarad en busca del origen de muchos españoles. Le acompaña en el viaje su buen amigo Samuel Bengio, hijo de la diáspora. Alejados de la historiografía convencional, un cristiano y un hebreo del siglo XXI elaboran un fascinante estudio que deviene una certera reflexión sobre su identidad colectiva. ¿Quiénes fueron Ferrán Martínez, Vicente Ferrer y Jerónimo de Santa Fe? ¿Acaso los pogromos y la integración cultural de los judeoconversos no hallan sus ecos en la eclosión política del Imperio español? ¿De qué modo alumbra esa fusión la mística de santa Teresa y san Juan de la Cruz o la literatura del Siglo de Oro? ¿Qué nos revelan los últimos análisis de ADN acerca de una herencia judaica? La presente obra es un relato elocuente del ser en pos de sus raíces entre las brumas de un pasado incómodo y siempre complejo.
El impacto que las ruinas monumentales de la antigua Roma tienen hoy sobre el visitante no pude ser sino pálido reflejo de lo que sintieron aquellos que las conocieron en su esplendor. ¿Cómo no sentirse deslumbrado, apabullado, insignificante, ante el Coliseo? ¿Cómo no sentirse parte de algo enorme, todopoderoso y eterno, de un imperium sine fine, al visitar los templos del Capitolio o pasar bajo un arco que celebraba victorias conseguidas donde acababa el mundo? ¿Cómo no pensar que el emperador era casi un dios cuando el sol sacaba destellos al coloso de Nerón o cuando disfrutabas de la munificencia de Caracalla en unas suntuosas termas? En Roma, como también actualmente, la arquitectura y el ordenamiento urbano no son inocentes, y este libro muestra el impacto que los edificios y programas edilicios tuvieron sobre la conciencia pública de los romanos, sobre su propia imagen y percepción, y sobre las relaciones entre emperador y súbditos.