Este libro ofrece una visión alternativa de la China antigua, un período crucial y particularmente fecundo en el terreno de la reflexión, cimentada en el estudio de los diversos modos en que se declinan tres efigies emblemáticas ―sabios, desviados y autócratas― que, debido a sus propiedades o destrezas extraordinarias, se sitúan fuera de la norma y de lo común. Lejos de penetrar en ese exuberante paisaje intelectual a partir de su núcleo seminal, ocupado de manera convencional por la ideología confuciana ―paradigma de mesura, equilibrio y armonía―, se trata de explorar aquí su cartografía más indómita tal y como se expresa en una multitud de documentos poco transitados: manuales adivinatorios, códigos legales, breviarios cosmológicos, manuscritos militares, compilaciones litúrgicas o tratados filosóficos. El análisis riguroso de esos materiales, muchos de ellos inéditos, conduce al lector ante la presencia inquietante y reveladora de seres estigmatizados por exhibir un cuerpo torturado a consecuencia de una condena penal; de personajes cuya conducta estrafalaria socava el carácter circunspecto y sacrosanto de los ritos funerarios; de individuos capaces de vaticinar el desenlace de un acontecimiento en sus estratos más incipientes; de expertos en persuasión que amenazan con conquistar países enteros valiéndose de sus afiladas lenguas; o de temibles gobernantes que anhelan imponer un orden absoluto adoptando para ello los rasgos fantasmagóricos de los espíritus y los principios inhumanos que rigen el cosmos.
con una claridad analítica poco común y una admirable capacidad para entrelazar historia y teoría— ha escrito un libro riguroso en su contenido y bello en su forma. Excava minuciosamente a un Gramsci preñado de futuro. Nacida de la mejor teoría política militante, esta obra devendrá, sin lugar a dudas, una referencia indispensable para quienes busquen no solo comprender, sino también transformar las coordenadas culturales y políticas de nuestro tiempo».
El «punto cero» es el nivel del suelo, el fondo, el lugar al que uno se repliega y desde el que vuelve a reagruparse. Tomado de un texto de Vladímir Lenin de 1922, La ascensión a las altas montañas, en el que reflexiona sobre la complejidad de «retirarse» sin traicionar la causa, el símil del alpinista se convierte en un modelo de resiliencia, flexibilidad y persistencia de la esperanza. Es la figura del revolucionario encarnando el lema beckettiano: «Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». En manos de Žižek, esta fórmula sirve para enfrentar los antagonismos del orden mundial existente.