El Canto (Gítá) es el texto clásico hindú más conocido y de más perdurable influencia. En los setecientos versos de este poema didáctico, integrado en la vasta epopeya del Mahábhárata, se sintetizan las principales filosofías y doctrinas religiosas nacidas de los Vedas. En el curso de este diálogo, el sabio Krishna, personificación de la divinidad, se dirige a Arjuna, que vacila antes de entrar en batalla, para mostrarle los principios del recto actuar, de la acción justa y liberadora. Bhagavad Gítá se edita aquí acompañado de los comentarios advaita de Sankara, que ponen de manifiesto la enseñanza de Krishna desde el camino de la sabiduría y esclarecen la unidad de sentido del Canto, obra compleja y polifacética.
Si la historia de la humanidad es un relato construido sobre la esclavitud, la conquista, el genocidio y la explotación, ¿por qué son solo las naciones occidentales quienes asumen su cuota de responsabilidad?
Hoy en día, parece que celebrar las contribuciones de otras culturas es algo perfectamente aceptable, mientras que hablar de sus defectos y crímenes es un acto de odio. Por el contrario, uno puede flagelarse por las atrocidades presentes y pasadas de su propio pueblo, pero alabar sus contribuciones y épocas de gloria es reaccionario y colonialista.
En La guerra contra Occidente, Murray describe cómo las personas bienintencionadas se dejan engañar por una retórica antioccidental hipócrita e incoherente. Si los actos de xenofobia y discriminación son condenados en Europa y Estados Unidos, ¿por qué no denunciar el racismo genocida que tiene lugar hoy en Oriente Medio y Asia? No son solo los académicos deshonestos quienes se benefician de este fraude intelectual, sino también las tiranías, felices de que el mundo desvíe la mirada de sus propios actos.
Tras el éxito de La masa enfurecida, un libro que ahondaba en las perversas políticas de identidad, Douglas Murray centra ahora su atención en la guerra cultural y aboga por una idea que, por demasiado obvia, algunos parecen ignorar: para que los ideales y valores de Occidente sobrevivan, primero hay que defenderlos.
El economista bestseller Nouriel Roubini fue apodado «Doctor Fatalidad» por sus agoreras previsiones y advertencias en 2006 sobre la crisis financiera que se avecinaba, hasta que sus predicciones y la Gran Recesión se hicieron realidad en 2008, cuando ya era demasiado tarde.
Sus predicciones están de vuelta con un pronóstico mucho más aterrador. Roubini identifica diez riesgos y peligros sin precedentes que se ciernen sobre nuestro planeta, interconectados y superpuestos, y tan graves que pueden considerarse «megamenazas».
La peor crisis de deuda que el mundo haya visto jamás, tensiones geopolíticas que llevarán a una nueva Guerra Fría entre China y los Estados Unidos, la expansión de la ola populista, la emergencia climática, la normalización de las pandemias globales, el colapso demográfico, la desglobalización económica, la revolución tecnológica y su impacto en el empleo, el aumento de las desigualdades o el agravamiento de la inflación son algunas de sus manifestaciones.
Nuestra generación va a asistir al fin de la era de crecimiento económico, prosperidad sostenida, alta productividad, estabilidad y paz a la que nos habíamos acostumbrado. Nos encaminamos hacia una época de inestabilidad crónica, conflicto y caos.
A menos que entremos en razón y actuemos ya, nos asomaremos al precipicio de una «Gran Estanflación» que hará que la Gran Depresión o la crisis de la década de 1970, a su lado, parezcan un juego de niños. Una vez más, estamos avisados.