Los meses finales de la Segunda Guerra Mundial en Europa fueron el periodo más sangriento y destructivo de todo el conflicto; también el más confuso y menos conocido. Cada día, por término medio, treinta mil seres humanos perdían la vida en los distintos frentes, en las ciudades bombardeadas, en los convoyes de refugiados que huían del Ejército Rojo, en los navíos que se arriesgaban a navegar por el mar Báltico, en las prisiones y los campos de concentración, en los trenes, en los caminos por los que se evacuaba a los deportados…
Hitler fue el gran responsable de esta orgía de muerte y destrucción. Mermado por la enfermedad, acorralado, cuestionado u odiado por su propio pueblo, obligado a vivir bajo las bombas en un agujero húmedo, siguió alimentando la hoguera hasta el final.
Para comprender este horror, Jean Lopez hace una minuciosa reconstrucción de los últimos días del Führer, siguiéndole desde el 15 de enero de 1945, fecha de su regreso definitivo a Berlín, hasta su muerte, el 30 de abril, y aborda también algunos episodios importantes de ese periodo, como las marchas de la muerte, las verdaderas pérdidas militares alemanas o los crímenes de guerra soviéticos.
El padre José Antonio Fortea ofrece una exploración exhaustiva y minuciosa del concepto teológico del purgatorio, abordando su naturaleza, historia, geografía y las implicaciones espirituales para las almas que lo transitan. A lo largo de cuatro partes profundamente desarrolladas, se examinan diversos aspectos del purgatorio, brindando una visión completa y esclarecedora de esta doctrina cristiana.
Esta obra traza una historia del purgatorio, mostrando la evolución del concepto desde sus orígenes antes de la redención hasta su formulación en la teología cristiana. Examina con detalle el papel del libre albedrío en el purgatorio, la mejora accidental del grado de gloria y el descenso de Cristo a las regiones inferiores.
Uno de los capítulos más destacados es el dedicado a la «geografía del purgatorio», que seguramente captará la atención del lector. Se aborda en profundidad el sufrimiento de esas almas y su relación con la teología de la resurrección.
Finalmente, el padre Fortea cierra el texto con el apartado «últimas consideraciones sobre el purgatorio», donde ofrece reflexiones finales sobre las fases temporales de la expiación y la forma en que podemos imaginar a las almas que transitan por este proceso de purificación.
“A estas criaturas las entiendo y asumo como santos. Gentes llagadas, sufrientes, vitales y extravagantes. Vivieron (algunos lo hacen) al límite de las convenciones. Deflagran las costumbres respetables. Poetas, novelistas, actrices, músicos, cantaores, forajidos de la normalidad, paseantes de infiernos sucesivos, de paraísos artificiales, de realidades estropeadas. Su atractivo es múltiple y dinamitero. Algunos de ellos ayudaron a hacer Historia y otros son necesarios para completarla. Sus semblanzas forman una familia singular, casi una novela de existencias dispuestas como un gran incendio. Como un bosque de creadores que arden y sufren y se divierten y aceptan el riesgo como único dios verdadero.”