La esfera pública como el espacio de trato comunicativo de unos con otros es el tema que ha ocupado a Jürgen Habermas a lo largo de toda su trayectoria. Fue el objeto de su primer gran libro, conocido en español como Historia y crítica de la opinión pública, que ya trataba del «cambio estructural de la esfera pública».
Ante el impacto de la globalización y la digitalización, Habermas reflexiona en las tres intervenciones reunidas en este volumen sobre su modelo de democracia deliberativa y las nuevas amenazas a las que se ve enfrentado. Considera que es un imperativo constitucional garantizar una estructura mediática que asegure que la esfera pública sigue siendo inclusiva y que la formación de la voluntad política y de la opinión de los ciudadanos se mantiene en los cauces deliberativos.
Originalmente Ta-Nehisi Coates se propuso escribir un libro sobre la escritura, en la tradición del clásico de Orwell La poli?tica y la lengua inglesa, pero pronto se encontró lidiando con cuestiones más profundas sobre cómo nuestras historias —nuestros reportajes y narraciones y la creación de mitos— exponen y distorsionan nuestra realidad y dan forma a nuestro mundo. En su viaje inaugural a África, un viaje a Dakar, se encuentra en dos lugares a la vez: una ciudad moderna en Senegal y el país fantasma de su imaginación. Luego nos lleva a Columbia, en Carolina del Sur, donde aborda la prohibición de su propio trabajo y las raíces profundas de una mitología estadounidense falsa y ferozmente protegida, visiblemente en exhibición en sus estatuas segregacionistas. Finalmente en Palestina, Coates ve con una claridad devastadora la tragedia que crece en el choque entre las historias que contamos y la realidad en el terreno.
Estamos acostumbrados a ser testigos de violencias extremas, torturas, violaciones y humillaciones en todas las formas del arte. A menudo la crueldad allí desplegada se nos presenta como espectáculo o como propaganda de las ideas hegemónicas. Sin embargo, hay una crueldad que no satisface el morbo del espectador ni corteja sus valores, sino que lo confronta con sus hipocresías y sus miserias. Es ética en el sentido de que pretende una transformación del lector, aunque tenga que agredirle para ello y atentar contra sus certidumbres, adentrándose en ámbitos que rondan el tabú, como la violencia despiadada y el sexo desaforado. La ética de la crueldad, que recibió varios premios y ha sido traducida a diversos idiomas, defiende una literatura contraria a la cultura del espectáculo y a la asepsia posmoderna, una literatura que aborrece lo inocuo y lo complaciente. E ilustra su propuesta teórica con una original exploración de novelas de Bataille, Canetti, Martín-Santos, McCarthy, Kristof, Onetti y Jelinek, autores crueles cada uno a su manera. Después de leerlos, no se puede seguir viviendo como antes de hacerlo. Y lo mismo le sucederá a quien lea este ensayo, que ha sido revisado y ampliado por su autor para esta edición.