Frente a lo planetario es un libro fundamental sobre uno de los más acuciantes del presente: el cambio climático. El autor pone el foco en el “proceso de lo planetario” –incluyendo el estado de los océanos, el derretimiento de los glaciares, las placas tectónicas y la evolución de las especies– y plantea una mirada crítica de las formas de vida contemporáneas y una recuperación del lugar de los no-humanos que habitan en la Tierra de la mano de autores como Lynn Margulis, Alfred North Whitehead, Mahatma Gandhi, Naomi Klein, el papa Francisco y Bruno Latour. Pero además de realizar una fuerte crítica al estado del tiempo contemporáneo, Frente a lo planetario, apuesta por una “política del enjambre” con la que personas de distinta cultura, clase social, credo y de diversas regiones del mundo puedan aliarse para reponer las verdaderas prioridades de un planeta en alerta máxima. Una crisis que demanda cooperación y acción, una asamblea militante espiritual pedirá Connolly, para evitar el colapso y el fin de la vida humana.
En 1507, cuando el cartógrafo Martin Waldseemüller publicó un mapa del mundo, denominó América a un nuevo continente, descubierto poco antes, en honor al navegante y explorador Américo Vespucio. El nombre hizo fortuna y años después se extendió al hemisferio norte de aquellas tierras, aunque no correspondía al de su auténtico descubridor y el propio Waldsemüller pensaba que había elegido mal el nombre. Ésta es la historia de esa curiosa denominación, y también la biografía de un maestro de la autopromoción. Nacido en 1454 en la Florencia de los Médicis, para los que trabajó en su juventud, Américo se trasladó a Sevilla en 1491. Fue amigo y rival de Cristóbal Colón, y colaboró en la segunda y tercera expediciones de éste a las Indias, antes de embarcarse él mismo por lo menos en dos ocasiones y de explorar la costa de lo que hoy es Brasil. El hombre que dio su nombre al Nuevo Mundo emerge en estas páginas como un acabado producto de una riquísima época: proxeneta, mago, aventurero, intrigante, hábil navegante (aunque no al principio), autor de deslumbrantes crónicas de viajes, siempre al tanto de los últimos avances científicos y capaz de apropiarse de honores inmerecidos. Fernández-Armesto, valiéndose de una cantidad ingente de fuentes y documentos, ha escrito la primera biografía de Vespucio que consigue distinguir la realidad de la leyenda.
Para Enrique Krauze, la crítica al poder es un compromiso de larga data que se conecta con la aspiración de que logremos pasar de una presidencia imperial a una institucional. Al final, estas páginas vislumbran la posibilidad de reconstruir la concordia perdida en México, cuyo camino está en la convergencia entre los partidos de oposición y una valiente y activa sociedad civil.