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EL HERMANO DE LENIN (OF)

La crónica definitiva del intento de asesinar al zar Alejandro III, un complot en el que participó el hermano de Lenin. En 1886, Alexander Uliánov, un brillante estudiante de biología, se unió a un pequeño grupo de alumnos de la universidad de San Petersburgo con el propósito de cometer un atentado contra el zar. La misión de los jóvenes terroristas acabó en un estrepitoso fracaso, y cinco de ellos, incluido Alexander Uliánov, fueron ejecutados en la horca. Alexander no hubiera pasado de ser otra baja más en la larga historia de los mártires rebeldes rusos de no haber sido por un detalle: su hermano menor, Vladimir, dirigió la revolución de octubre de 1917 bajo el sobrenombre que se asignó a sí mismo, Lenin. Tras examinar la abundante documentación publicada y los archivos desclasificados por la Rusia post-soviética, Philip Pomper arroja luz sobre el misterio que ocupa el centro de esta historia. ¿Cómo es posible que en el seno de una familia respetable que educó y preparó a sus hijos para una carrera profesional pudieran aparecer tanto un terrorista como el líder de la revolución de octubre? Los hermanos Uliánov crecieron al resguardo de un padre estricto que les inculcó la importancia de la ciencia y del sentido del deber llevado hasta el punto del sacrificio de uno mismo. Pomper muestra también el contraste entre el tímido y serio Alexander y su alegre y alborotador hermano, Vladimir, que intentaría vengarlo y aprender los modos revolucionarios, y que lograría el éxito allí donde Alexander había fracasado.
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EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES(LEIBNIZ)

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) ocupa un lugar especial entre los grandes pensadores del siglo XVII. Este genio inclasificable se negó obstinadamente a limitarse a una sola disciplina: filósofo, inventor, matemático, viajero, historiador y novelista, tenía una personalidad fascinante y tejió una impresionante red de contactos. Conocido por su optimismo, insistía en la posibilidad de mejorar el mundo incluso cuando todo parecía sombrío. En setenta años de actividad desenfrenada, revolucionó las matemáticas, esbozó un sinfín de máquinas e innovaciones técnicas y desarrolló un sistema metafísico único. Michael Kempe, uno de los mayores expertos en Leibniz y un gran narrador, ha elegido siete días clave en la desbordante vida del filósofo, fechas que marcaron un giro en su trayectoria y en su obra. Una mañana del otoño de 1675, en París, su pluma trazó un signo matemático nuevo, el de la integral, que revolucionó las matemáticas y dio luz al cálculo diferencial, indispensable para ingenieros, economistas y epidemiólogos; en 1696 Leibniz conversaba en la corte de Hannover con la gran señora de la casa principesca de Herrenhausen , Sophie, sobre el consuelo en la filosofía; en abril de 1703, en Berlín, sentó las bases del sistema binario que acabaría siendo la base de la informática. Atento a los pequeños detalles curiosos o emocionantes, Kempe los conecta hábilmente con el desarrollo del pensamiento de Leibniz y nos demuestra hasta qué punto bajo su peluca y su levita había un pensador decididamente moderno (muy lejos de su retrato volteriano en Cándido, donde aparece como un rígido racionalista perdido en el mundo de las ideas). En el centro de la vida cultural en los albores de la Ilustración, intercambiaba correspondencia con todos los príncipes y eruditos de Europa, y su influencia en nuestro presente es innegable.
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EL CASTILLO DE LOS ESCRITORES (OF)

Probablemente nunca se han reunido bajo un mismo techo tantos escritores de prestigio internacional como durante los juicios de Núremberg de 1946-1949, cuando se decidió albergar en el Castillo de Faber -perteneciente a la familia detrás de la famosa marca de lápices Faber-Castell- a los autores y periodistas internacionales que venían a informar sobre aquel juicio a las atrocidades de la guerra y el Holocausto. El castillo se convirtió en un lugar de frenética actividad periodística, pero sus huéspedes también convivieron, discutieron, bailaron, se desesperaron y bebieron (algunos hasta el delirium tremens). Entre aquellos escritores, muchos de ellos aún poco conocidos, estaban Erich Kästner y Erika Mann, John Dos Passos y Martha Gellhorn, Augusto Roa Bastos, Victoria Ocampo y Xiao Qian. Como corresponsales de distintos medios, miraron a la cara a los criminales en el tribunal, fueron testigos del empleo de la más moderna tecnología (como la interpretación simultánea a todos los idiomas) y trataron de encontrar las palabras para narrar lo inenarrable, para hacer conocedor al mundo de aquel horror sin precedentes. En el microcosmos del castillo Faber tuvieron lugar encuentros de antiguos exiliados con supervivientes del Holocausto, comunistas con representantes de grupos mediáticos occidentales, reporteros de primera línea con extravagantes y reputados reporteros. Dormían en catres y se reunían en el bar, el salón, la sala de juegos y el cine que los aliados habían instalado en aquel albergue global. Juntos se asomaron al abismo de la historia y reflexionaron sobre la culpa, la expiación y la justicia, algo que los cambió y cambió su escritura para siempre.
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