La historia que conocemos sobre el surgimiento del mundo moderno otorga el papel central a la Era de los Descubrimientos europeos y a la búsqueda de rutas hacia Asia, relegando a África a un segundo plano o borrándola por completo de la narrativa.
En este extraordinario libro, Howard W. French demuestra que el primer impulso de la exploración europea no fue llegar a Asia, sino establecer contacto con las legendarias sociedades negras de África Occidental y su prodigiosa riqueza en oro. Fue en las costas africanas donde los navegantes perfeccionaron sus técnicas de cartografía y navegación. Fue el comercio del oro africano, descubierto por los portugueses en 1471, el que financió las posteriores expediciones a Asia. Y fueron los africanos y sus descendientes esclavizados quienes, con su trabajo forzado en las plantaciones de azúcar y algodón del Nuevo Mundo, impulsaron la acumulación de capital que hizo posible la Revolución Industrial y el ascenso de Occidente.
La posguerra fría comenzó con la promesa de un mundo donde la lucha contra los desafíos transnacionales, la globalización económica y la expansión de valores universales se impondrían a dinámicas tradicionales como la competición entre grandes potencias y el equilibrio del poder. Estas promesas no se cumplieron. A la globalización económica le sucedió el fenómeno de la desglobalización, que supuso la reducción de la interdependencia económica y política entre sus actores. La primacía de los desafíos transnacionales ha dado paso al retorno de la geopolítica, y la hegemonía estadounidense a una estructura multipolar que ha devuelto la competición entre grandes potencias, particularmente entre Estados Unidos y China, al centro de la agenda.
Esta obra analiza las principales características de este sistema internacional competitivo. Expone su evolución histórica, sus dinámicas clave y sus principales protagonistas, centrándose específicamente en las grandes potencias. Sin olvidar el análisis de sus principales escenarios regionales de competición y conflicto.
María Hesse cuenta en El placer cómo fue su camino hacia el despertar sexual, una senda tortuosa sembrada de vergüenza y desconocimiento, que sorteó gracias al sabio ejemplo de mujeres que supieron iluminar la ruta del placer para que otras la recorrieran más ligeras. Ese libro dio pie a otro, Malas mujeres, en el que sigue la pista de otras mujeres que también se salieron de las líneas caprichosas que los hombres habían trazado para ellas. Mujeres osadas a las que a menudo llamaron locas, fatales, brujas o sencillamente malas —de Madame Bovary a Sarah Connor, de Juana la Loca a Yoko Ono o de Helena de Troya a Monica Lewinsky—, y que Hesse reivindica como referentes en los que inspirarse para ser simplemente mujeres en el mundo en que vivimos.