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TIBERIO GRACO. TRIBUNO DE ROMA

«Los romanos reciben el nombre de dueños del mundo, pero no tienen ni un terrón suyo». Una década después de haber participado en la destrucción de Cartago y de haber disfrutado de las mieles del triunfo, Tiberio Sempronio Graco deberá enfrentarse a un enemigo aún más duro y correoso que los púnicos. Numancia, cabeza de los belicosos celtíberos, lleva años plantando cara a Roma y Tiberio marchará a Hispania para combatir como cuestor junto con el cónsul Mancino. Solo su actuación decisiva evitará la aniquilación de las legiones, humilladas una vez más por los numantinos. Recibido como un héroe por el pueblo romano, será, sin embargo, víctima de las rencillas que emponzoñan el Senado, a menudo más acerbas que la propia guerra. Tiberio, cada vez más consciente de los problemas que azotan a su patria, atormentado por la degradación de la vida de sus conciudadanos, obligados a luchar en lejanas campañas mientras sus tierras son usurpadas por la oligarquía senatorial, pugnará como tribuno de la plebe por cambiar una Roma podrida. Una tarea para la que tendrá que maniobrar en la intrincada política romana y enfrentarse a poderosos enemigos en el Senado, dispuestos a todo para conservar sus privilegios.
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LA VIA DORADA. COMO LA ANTIGUA INDIA.

Desde el establecimiento de los sultanatos musulmanes en la Baja Edad Media a la instauración del Raj británico, la India se vio impregnada de poderosas influencias culturales foráneas que transformaron religiosa, cultural y lingüísticamente el país y a sus gentes. Sin embargo, durante el milenio y medio anterior, las religiones, la tecnología, la astronomía, la música, la danza, la literatura, el arte, las matemáticas, la medicina y la filosofía del subcontinente se abrieron camino desde el océano Pacífico hasta el mar Rojo y más allá, un vasto caudal de ideas y conocimientos que tenía como origen la India, el corazón olvidado del mundo antiguo.
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WALTER BENJAMIN

Walter Benjamin murió solo, lejos de sus familiares, de los amigos y de la fama, viejo, desamparado y vencido. Hasta donde podemos saber, nadie fue a reclamar sus pertenencias o a renovar el alquiler del nicho en el cementerio de Portbou. Remató, en una fosa común, con los que no tienen nombre, en un pueblo un tanto mortecino, hoy acogotado por la pérdida de funciones de su gigantesca estación de tren, aunque inequívocamente hermoso. Si así lo queremos, en la persona de Benjamin, cuya obra es una singularísima mezcla de alta cultura y cultura popular, vemos hoy una representación simbólica de todos los inmigrantes, de todos los sin papeles. Este libro permite encarar algunas de las claves explicatorias de la vida y del carácter personal de Walter Benjamin. Presta atención también, con todo, a tres materias relevantes: los sinsabores que acosaron a Benjamin en un exilio que se inició en 1933, la muerte trágica —aún hoy cargada de controversias— en Portbou en 1940 y la naturaleza de ese texto, las “Tesis sobre el concepto de la historia”, mitad llama, mitad oscuridad, al que dedicó los últimos relámpagos de su lucidez.
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