A Arturo Barea se le ve a menudo como un escritor espontáneo, apasionado contra la injusticia. En realidad, trabajaba sus escritos con cuidado y tenía un claro objetivo dual, tanto personal como político. Escribía la historia de su propia vida para intentar entender su crisis nerviosa en 1937 durante el sitio de Madrid y a la vez para mostrar las causas subyacentes de la Guerra Civil. Con percepción aguda, este chico autodidacta de Lavapiés, un barrio obrero de Madrid, que dejó la escuela con trece años, plasmó «lo que había olido, visto, palpado y sentido» en los tres tomos de su novela autobiográfica, La forja de un rebelde. Y al hacerlo retrató la sociedad española de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Exiliado en Inglaterra durante los últimos 18 años de su vida, Barea publicó varios libros más. De hecho, el exilio le hizo escritor. Destacan sus ensayos de crítica literaria, Unamuno y el excelente Lorca, el poeta y su pueblo. Además, a diferencia del mundo de los sentidos que recrea en la trilogía, analizó las raíces de la ideología de Franco en Lucha por el alma española.
Esta es la autobiografía inédita de Margarita Alexandre, española pionera en la dirección de cine durante la dictadura franquista y la Revolución cubana.
Margarita dejó como testimonio de vida una decena de películas como actriz y otras tantas como productora, directora y guionista. Sin embargo, fue esta obra autobiográfica el fruto al que más tiempo dedicó. Desde que yo tengo memoria de ella, pasaba los días y las noches frente al ordenador, intentando sacar, ordenar y transmitir todas las vivencias que aquí se relatan.
A pesar de las dudas que siempre mantuvo acerca de la validez de estos textos, hoy los presentamos aquí con la convicción de que el lector encontrará en ellos una valiosa experiencia de vida y una visión, cuyo ejemplo quizás lo mueva e incite a afrontar la vida y sus dificultades con plena libertad.
Cada ciudad tiene en sus visitantes posibles traductores que, a través de sus impresiones, puntos de vista y observaciones, pueden llegar a teñir la visión de otros y acaso estimularlos o confundirlos. Por eso vale la pena considerar que este libro, fundado en cuarenta y cinco años de visitas sostenidas a París, es apenas una traducción más de las muchas que podrían hacerse de la capital de Francia, debida a los intereses y experiencias de Jorge Fondebrider, poeta y ensayista argentino, traductor consecuente de Gustave Flaubert, Guy de Maupassant, Georges Perec y un número significativo de poetas franceses contemporáneos. Con todo, por su rigor descriptivo y los muchos datos históricos, funciona asimismo como un vademécum para el eventual flâneur.