Entre 1942 y 1943, Simone Weil colabora con la resistencia francesa en un empeño que habría de reconstruir Europa desde sus ruinas filosóficas y morales: la redacción de una nueva Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para ello, la atención de Weil se centra en un hallazgo fundamental: los deberes anteceden a los derechos. La obligación de respetar las necesidades que todos los seres humanos comparten es lo que garantiza la libertad y la alegría que deben cimentar una civilización orientada al bien. Y, entre ellas, "el arraigo es quizá la necesidad más importante y desconocida del alma humana". Arraigarse significa vivir en conexión con una comunidad, un pasado y unas tradiciones, una idea de naturaleza y de belleza y, especialmente, con una espiritualidad que desactiva las pasiones destructivas que llevan a ver a los otros como enemigos: hay un "destino eterno" que nos une y que no es sino el respeto que todos nos debemos. Por el contrario, el desarraigo es "la enfermedad más peligrosa de las sociedades humanas" y quien lo sufre, a menudo también lo provoca. Esta edición, con prólogo de Carmen Herrando Cugota, incluye textos complementarios del "Estudio de una declaración de las obligaciones hacia los seres humanos", ofreciendo una visión integral de un pensamiento que, como reconoció Albert Camus, resulta imprescindible para imaginar cualquier renacimiento europeo.
¿Ha perdido el arte su aura, su dimensión intelectual o, lo que es peor, su poder de comunicación, dicho en otras palabras, su principal razón de ser? En este libro polémico y escrito a contracorriente de la crítica más conformista, Marie-Claire
Uberquoi reflexiona sobre la plástica de las últimas décadas, centrándose en los artistas que han llevado más lejos sus deseos de acoso y derribo de la noción tradicional del arte para plantearse nuevas vías de expresión.
Muchos piensan que se ha tocado fondo y hablan de la impostura de la creación actual. Otros apuestan por un arte supuestamente renovador plasmado en trabajos que no tienen nada que ver con el goce estético. El rechazo del objeto artístico, la explotación publicitaria de obras falsamente provocadoras, la deriva hacia el activismo político y el fenómeno de la banalización del arte son algunas de las cuestiones analizadas en este ensayo que propone reivindicar «otro arte contemporáneo» ajeno a la cultura del espectáculo.
El arte de amar es una obra con la que Erich Fromm ha ayudado a varias generaciones a reflexionar sobre el amor y a responder a algunas preguntas aparentemente sencillas: ¿qué significa amar? ¿Cómo desprendernos de nosotros mismos para experimentar este sentimiento? En él, Fromm considera el amor como un arte hacia los demás que requiere un conocimiento y un esfuerzo.
Un inspirador testimonio sobre las lecciones que nos han dejado los griegos sobre el arte de correr.
¿Por qué corremos? Todo el esfuerzo y el dolor, ¿con qué fin? ¿A qué obedece este amor por la tonificación muscular, la velocidad y el sudor? Los deportistas de la Grecia clásica fueron los primeros en plantearse estas preguntas, los primeros en suspender la guerra, el trabajo o la política para disfrutar de celebraciones públicas de las proezas atléticas, como en los célebres Juegos Olímpicos. Inventaron el deporte y también fueron los primeros en comprender cómo la actividad física se relaciona con nuestro bienestar mental.
Después de toda una vida entre libros y gramáticas, tratando de ver el mundo como un instruido griego de la antigüedad, Andrea Marcolongo empezó a entrenar y se propuso aprender a correr como ellos. Lo hizo acompañada por el primer manual deportivo de la historia, De arte gymnastica, de Filostrato, y motivada por un loco propósito final: correr un maratón. Mejor dicho, correr los 41,8 kilómetros que separan Maratón de Atenas, como hizo el soldado Filípides hace dos mil quinientos años, antes de caer al suelo extenuado. En el proceso, Marcolongo profundizó en su comprensión de la antigua civilización a la que ha dedicado décadas de estudio y descubrió más sobre sí misma de lo que jamás hubiera soñado.
Lo poético, en sus muy diversas formas, posee la cualidad de conmovernos. Este atributo, en esencia, puede convertir las palabras en artefactos de combustión lenta pero constante; «milagros intermitentes» que nos guían hacia una comprensión distinta del mundo y de nuestro lugar en él. En suma, el germen necesario que da comienzo a todo cambio crucial, ya sea a nivel individual o colectivo.
'El arte de encender las palabras', primer ensayo de la poeta Berta García Faet, explora cómo la poesía 'piensa'. Y arde, en opinión de su autora, no solo en la poesía propiamente dicha, sino también a través de la música, la pintura y todo tipo de manifestaciones artísticas. Desde un formato híbrido, que tiene tanto de tratado como de memoir literaria, este libro apela a las claves de lo poético: belleza, cognición, vínculos. Reflflexión teórica, manififiesto, confesión entre amigas y carta de amor: un texto radicalmente original y hermoso que crepita en busca de nuevos públicos y nuevas direcciones.
Un recorrido sutil y asombroso que busca mostrarnos cómo la poesía cataliza nuestras transformaciones más hondas. Un alegato en primera persona sobre el carácter restaurativo y revoltoso de las palabras.
La memoria es una forma de invocar el pasado que se conjuga en presente y se traduce en futuro. Muchas veces, la puerta de acceso del hoy a los ayeres requiere de llaves codificadas que, al estilo de la magdalena de Proust, nos ayuden a liberar del olvido a quienes en él quedaron desterrados. En 'El arte de invocar la memoria', la escritora e historiadora Esther López Barceló da cuenta de la fuerza del recuerdo colectivo a través de sus múltiples representaciones y materialidades: objetos personales encontrados en fosas, como los zapatos representados en la cubierta de este libro; grafitis fugaces, a modo de epitafios de urgencia, que dan cuenta del paso de condenados por un campo de concentración; unas escaleras transformadas en pruebas periciales; libros y documentales, depositarios de incómodas verdades, a los que se trata de hacer desaparecer… Este vibrante ensayo, escrito en un delicado tono poético, trenza un recorrido por distintas formas de invocar la memoria de una herida abierta, la de las víctimas del franquismo ―y de otras dictaduras―, a través de vestigios arqueológicos y de artefactos culturales que nos interpelan y, a la vez, nos conectan a un pasado que, gracias a ellos, no es ni será nunca un tiempo perdido.