Entre los siglos XV y XVIII, los europeos no solo estaban fuertemente constreñidos por las jerarquías sociales, también malvivían atormentados por el hambre y la miseria, tiranizados por el consumo diario de un pan deliberadamente adulterado, a menudo mezclado con semillas y hierbas alucinógenas.
Mientras Galileo, Descartes y Bacon trabajaban en la idea de un mundo racional y ordenada, la desnutrición crónica y la embriaguez domésticaagudizadas por estas drogas rurales y domésticas llevaban a sus coetáneos a un viaje psicodélico, a trances y explosiones dionisíacas que involucraban a pueblos enteros, a los meandros de un imaginario demoníaco y nocturno que aliviaba una existencia de otro modo invivible.
A través de una cuidadosa reconstrucción de la vida cotidiana de campesinos, mendigos y pobres, Piero Camporesi en El pan salvaje presenta una imagen vívida y desconcertante de la Europa preindustrial, azotada por el desigual reparto de bienes y alimentos, como un vasto laboratorio de sueños.
Sumida en un universo fantástico, la humanidad tenía acceso a formas de conciencia ajenas a la racionalidad, y aún podía aprovechar las reservas oníricas que la prohibición a las hierbas alucinógenas destruyó más tarde.
Cuna de un poderoso imperio en la antigüedad, Etiopía es uno de los países más singulares de África. El único que resistió al colonialismo; la Tierra Prometida de los rastafaris; fallida nación socialista; tierra de hambrunas, cruentas rebeliones y hoteles de lujo… Sobre esos contrastes despliega Olavarría su mirada, tan alejada de lo políticamente correcto como del turismo de postal. Una crónica sin concesiones de un viaje doble: hacia un país al filo de la guerra civil y hacia los orígenes de un viajero que partió un día de la Plaza Etiopía en México. Y en ese periplo de una periferia radica su honestidad.
A lo largo del siglo xx tomó cuerpo una iniciativa única en la historia de la humanidad. Los Estados, que desde Tucídides hasta Bismarck se habían caracterizado por su aspiración a la soberanía y la independencia, se unieron gradualmente para crear organizaciones internacionales con el fin de promover la paz, impedir las agresiones, regular los asuntos diplomáticos, elaborar un código legal internacional, fomentar el desarrollo social e inspirar un mundo de prosperidad. Así, y tras muchas vicisitudes, nació la ONU.
Largamente esperado, el trabajo de Paul Kennedy, uno de los historiadores con mayor prestigio de la actualidad, analiza esta estructura política fundamental del siglo xx desde las formas iniciales de organización internacional y sus funciones en el mundo de la posguerra hasta los principales acontecimientos y los problemas geopolíticos actuales, para proponer cómo debe transformarse la institución -frente a las nuevas amenazas para la seguridad internacional y el impulso del mundo global- durante el siglo XXI, pues es una urgente responsabilidad colectiva lograr que este «Parlamento» mundial de Estados funcione lo mejor posible ante los retos del futuro.
Alejandra Azuero Quijano propone pensar el paro como un estallido epistémico, un acontecimiento que articula historias y ritmos de tiempo que permiten repensar el pasado para entender y actualizar el presente. A partir de repertorios de resistencia e interrupción, el paro nacional reorganiza las coordenadas con las que se entiende, imagina, percibe y representa la política colombiana y, por extensión, la realidad política y social de América Latina y el Caribe.
El paro nacional colombiano comenzó el 28 de abril de 2021 como reacción en contra de la controversial reforma fiscal impulsada por el gobierno en medio de la pandemia. Si bien el estallido social comenzó y terminó ese mismo año, la fuerza histórica del evento fue más allá, poniendo en marcha formas de experimentación estética, política y de sentido que aún no terminan.
Estamos frente a un acontecimiento que tiene la capacidad de cambiarlo todo: la política, las condiciones sensibles y los modos del saber. Por eso mismo, el paro también llama a poner en marcha otras formas de narrar, de pensar y de representar su historia.
Un viaje fascinante por la vida, las ruinas y las controversias del Partenón, de la mano de la gran divulgadora del mundo clásico, Mary Beard.
Desde hace más de dos mil años, el Partenón domina la Acrópolis de Atenas como uno de los símbolos universales de la civilización clásica. Pero, ¿qué sabemos realmente de este edificio? ¿Cómo ha llegado a representar ideales tan diversos -democracia, arte, imperio, identidad nacional- a lo largo de los siglos?
En este libro, Mary Beard reconstruye con rigor y agilidad narrativa la historia del templo de Atenea: desde su construcción en el siglo V a.C. hasta sus múltiples transformaciones como iglesia bizantina, mezquita otomana, ruina romántica y epicentro de uno de los debates culturales más encendidos de nuestro tiempo.
Con la lucidez, el humor y la profundidad que la caracterizan, Beard nos guía por los significados cambiantes del Partenón y sus esculturas, las polémicas sobre los mármoles de Elgin, y las tensiones entre patrimonio, nacionalismo y museo universal. Una mirada reveladora sobre el pasado, el presente y el futuro de un monumento que sigue generando admiración, orgullo, polémica y lágrimas.
En un mundo caracterizado por la aceleración constante y el culto al presente, este libro examina nuestra problemática relación con el pasado, atrapada entre dos extremos igualmente distorsionadores: la "cultura de la cancelación", que juzga implacablemente la historia desde valores actuales, y la nostalgia, que idealiza un ayer inmaculado. Mauro Bonazzi, autor de "Sabiduría antigua para tiempos modernos" y "Criaturas efímeras", propone una tercera vía: redescubrir el pasado como un recurso dinámico en constante negociación con el presente. Cuestionando a la vez tanto la idea de una tradición occidental sagrada y monolítica como su completa demonización, el autor sugiere que nuestras raíces históricas, lejos de ser una prisión, pueden convertirse en una fuerza de resistencia creativa. En tiempos donde lo "inmediato" parece no tener (ni querer) conexión con el ayer ni con el mañana, este ensayo defiende que reconciliarnos críticamente con nuestra historia no es ceder a la nostalgia, sino prepararse para imaginar y construir un futuro diferente.