Despedirse es una experiencia cotidiana. Despedimos a nuestros niños cada mañana cuando se van al colegio. Al terminar la jornada, nos despedimos de nuestros compañeros y compañeras de trabajo. Pero hay despedidas que pueden ser experiencias límite, pues se presentan al principio y al final, con el nacimiento y la muerte. Anselm Grün parte de lo cotidiano para lanzarse a la profundidad de esas despedidas, tan radicales que pueden ser puertas a nuevos mundos. Como dice el propio autor: 'Aun en la muerte hay vida. Y también la vida, con su continua transformación, está determinada por un morir: morir y llegar a ser, despedirse y proseguir, es ley de vida'.
En El talento de Mr. Ripley, la más célebre novela de Patricia Highsmith, aparece su más fascinante personaje: el inquietante y amoral Tom Ripley, figura prototípica de un género que Highsmith inventó, situado entre la novela policíaca y la novela negra, entre Graham Greene y Raymond Chandler, donde el más trepidante suspense se aúna a un vertiginoso análisis psicológico.
Mr. Greenleaf, un millonario americano, le pide a Tom Ripley que intente convencer a su hijo Dickie de que regrese al hogar. Tom acepta el encargo –de paso pone tierra por medio a posibles problemas policiales– y encuentra a Dickie y a su amiga Marga, con quienes establece una turbia relación que desemboca en el crimen y el engaño.
Con el título de A pleno sol, la novela fue llevada al cine en 1960 por René Clement, con Alain Delon en el papel de Ripley. En 1999 se estrenó un remake titulado El talento de Mr. Ripley, dirigido por Anthony Minghella y protagonizado por Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law.
Una nación siempre tiene más de una voz, y España no es la excepción. País de contrastes, en permanente debate consigo misma y en continua construcción, ha albergado aspiraciones múltiples y contradictorias a lo largo de los siglos. Pese a la creencia extendida de que las divisiones internas tienen su inicio en el siglo xx, cuando un grupo de escritores acuñó la expresión «las dos Españas», desencantados por los fracasos políticos y militares, e imaginaron una nación escindida en dos: una España moderna, sinónimo de derrota y decadencia, y otra tradicional, identificada con un pasado de grandeza, liderazgo y esplendor, la realidad es que, como demuestra Henry Kamen, dicha fractura se originó en el denominado Siglo de Oro. Ya por entonces los españoles estaban profundamente divididos sobre aspectos fundamentales, como su destino como nación o el poder imperial.