Publicada tras la Segunda Guerra Mundial y considerada una de las mejores novelas negras de todos los tiempos, esta obra nos invita a reflexionar sobre la importancia de la imparcialidad y la investigación metódica en la búsqueda de la verdad. Muestra, además, la poca ecuanimidad de la justicia, sobre todo en comunidades rurales donde las apariencias y los prejuicios se imponen con demasiada frecuencia. Marion Sharpe y su madre, dos mujeres que viven en una pequeña población inglesa, tratan de defenderse de la acusación que plantea contra ellas una huérfana de guerra, Betty Kane, que afirma haber sido víctima de un presunto caso de secuestro y maltrato.
No pudo evitar preguntarse por qué el asesino de sus padres la quería viva. Y si eso no era una razón suficiente para desear estar muerta.
Cuando la mañana del 10 de agosto del año 30 a.C. la reina egipcia Cleopatra es encontrada muerta por la guarnición romana encargada de custodiarla para llevarla a Roma para el desfile triunfal de Octavio, la cólera de los romanos recae sobre sus dos hijos mellizos, Cleopatra Selene (Luna) y Alejandro Helios (Sol), de apenas diez años. Son acusados de haber ayudado a su madre a darse muerte, escatimando así el golpe de efecto que hubiese tenido la presencia de la orgullosa egipcia encadenada por las calles de Roma. Los mellizos, juntos con su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, son apresados y llevados a la península itálica. Son los hijos de la reina vencida y del triunviro Marco Antonio, que se ha suicidado también ante la victoria de Octavio.
Los niños llegan horrorizados a Roma en compañía de su tutor y son obligados a desfilar encadenados ante el carro de Octavio, el futuro emperador Augusto, pero su corta edad despierta la compasión del pueblo romano. En la creencia de que quizá puedan serle útiles en el futuro, Octavio accede a perdonarles la vida y ponerlos bajo la tutela de Octavia, su hermana y la legítima esposa de Marco Antonio, la mujer a la que abandonó para unirse a Cleopatra.
La luz de la tierraes la emocionante continuación deLa sal de la tierra, una espléndida saga medieval con intrigas, venganzas, injusticias y amores convulsos, de la pluma de uno de los grandes maestros de la novela histórica europea.
Ducado de Alta Lorena, 1218. Después de su lucha contra el clero y la nobleza, el comerciante Michel de Fleury se ha convertido en alcalde de Varennes Saint-Jacques. Sus objetivos siguen siendo los mismos: alcanzar la justicia y la honestidad y rebelarse contra los poderosos que llevan años oprimiendo al pueblo. Por su parte, Rémy, el hijo de Michel, sueña con fundar una escuela donde todos puedan aprender a leer y a escribir, un empeño que le enfrenta directamente al abad, que ve tambalear el poder que siempre ha ostentado.
Pero cuando Varennes está a punto de convertirse en una ciudad próspera y un ejemplo de comercio y educación, los enemigos de los Fleury tejen una mezquina red de conspiraciones que hundirá a la ciudad en un abismo de pobreza de la que solo saldrá cuando el pueblo se atreva a enfrentarse a sus opresores y cuando en la tierra brille la luz de la libertad.