«Que la música salve por lo menos el resto de la noche, y cumpla a fondo una de sus peores misiones, la de ponernos un buen biombo delante del espejo, borrarnos del mapa durante un par de horas».
Las armas secretas (1964) reúne cinco cuentos que forman parte de la mejor tradición del género. En medio de la excelencia de relatos como «Cartas de mamá», «Los buenos servicios» y «Las armas secretas», destacan dos obras maestras: «Las babas del diablo» (adaptado al cine por Antonioni en su recordada Blow up) y «El perseguidor», quizás el más perfecto y conmovedor homenaje a un genio del jazz como Charlie Parker.
Siete relatos sobre el sometimiento social, familiar o económico de la vida cotidiana, escritos por Carmen Martín Gaite, una de las figuras más importantes de las letras hispánicas del siglo XX.
«Las verdaderas ataduras son las que uno escoge, las que se busca y se pone uno solo, pudiendo no tenerlas».
Además de la narración principal, que da título a la obra, el libro homónimo de Carmen Martín Gaite incluye otros seis relatos que exploran los conflictos de identidad, así como las complejidades de las relaciones humanas; especialmente desde la perspectiva de las mujeres en la España de mediados del siglo XX. Estos cuentos ofrecen una visiónprofunda y psicológica de los vínculos emocionales y sociales, vistos a través de la capacidad narrativa de la autora para “bucear en el interior de sus personajes femeninos” para explorar temas como la libertad, la identidad y la incomunicación.
La hipocresía era, y así lo denunció Twain en su obra, la base de una sociedad pervertida y a su vez pervertidora. Con un chico como Huck, de la clase social más baja en la Norteamérica de aquel tiempo, podía el escritor mostrar cómo el hombre estaba equivocado en sus concepciones morales. El muchacho ha de decidir si sigue lo que la sociedad dicta como bueno o lo que su corazón le sugiere, aunque esto sea precisamente lo contrario de lo que la moral predica como correcto.