Jane Austen, una de las autoras más célebres y queridas de todos los tiempos, nos regala con Emma una comedia romántica encantadora y llena de ingenio, un retrato exquisito de la sociedad georgiana que sigue maravillando a personas de todas las edades. Con una perspicacia incomparable y una habilidad única para desentrañar la naturaleza humana, la autora nos introduce en la vida de Emma Woodhouse, una joven de espíritu vivaz y mente aguda que se dedica a hacer de casamentera en su pequeño círculo social. Así pues, nuestra protagonista se embarca en un viaje de descubrimiento donde sus bienintencionados, pero a menudo equivocados, intentos de emparejar a sus amigos, revelan tanto su carácter como las complejidades de las relaciones humanas. Esta novela es, por consiguiente, una celebración del amor en todas sus formas y una invitación a disfrutar de las pequeñas alegrías de la vida. Con su humor sutil y su aguda observación de la naturaleza humana nos ofrece una lectura que no solo entretiene, sino que también toca el corazón.
Un interesante ajuste de cuentas de Mario Conde con su vida y con sus ídolos literarios, pero también una punzante e inolvidable recreación del Hemingway ególatra y contradictorio, acorralado por sus recuerdos y remordimientos, en los días previos a su suicidio. En la memoria de Mario Conde todavía brilla el recuerdo de su visita a Cojímar de la mano de su abuelo. Aquella tarde de 1960, en el pequeño pueblo de pescadores, el niño tuvo la ocasión de ver a Hemingway en persona y, movido por una extraña fascinación, se atrevió a saludarlo. Cuarenta años más tarde, abandonado su cargo de teniente investigador en la policía de La Habana y dedicado a vender libros de segunda mano, Mario Conde se ve empujado a regresar a Finca Vigía, la casa museo de Hemingway en las afueras de La Habana, para enfrentarse a un extraño caso: en el jardín de la propiedad han sido descubiertos los restos de un hombre que, según la autopsia, murió hace cuarenta años de dos tiros en el pecho. Junto al cadáver aparecerá también una placa del FBI.
Jack London’s two most beloved tales of survival in Alaska were inspired by his experiences in the Yukon during the Klondike Gold Rush. Both novels grippingly dramatize the harshness of the natural world and what lies beneath the thin veneer of human civilization.
The canine hero of The Call of the Wild is Buck, a pampered pet in California who is stolen and forced to be a sled dog in the Alaskan wilderness. There he suffers from the brutal extremes of nature and equally brutal treatment by a series of masters, until he learns to heed his long-buried instincts and turn his back on civilization. White Fang charts the reverse journey, as a fierce wolf-dog hybrid born in the wild is eventually tamed. White Fang is adopted as a cub by a band of Indians, but when their dogs reject him he grows up violent, defensive, and dangerous. Traded to a man who stages fights, he is forced to face dogs, wolves, and lynxes in gruesome battles to the death, until he is rescued by a gold miner who sets out to earn his trust.
Mexico in the 1970s is a dangerous country, even for Maite, a secretary who spends her life seeking the romance found in cheap comic books and ignoring the activists protesting around the city. When her next-door neighbor, the beautiful art student Leonora, disappears under suspicious circumstances, Maite finds herself searching for the missing woman—and journeying deeper into Leonora’s secret life of student radicals and dissidents.
Mexico in the 1970s is a politically fraught land, even for Elvis, a goon with a passion for rock ’n’ roll who knows more about kidney-smashing than intrigue. When Elvis is assigned to find Leonora, he begins a blood-soaked search for the woman—and his soul.
Swirling in parallel trajectories, Maite and Elvis attempt to discover the truth behind Leonora’s disappearance, encountering hitmen, government agents, and Russian spies. Because Mexico in the 1970s is a noir, where life is cheap and the price of truth is high.
La inmortalidad: A partir del gesto encantador de una mujer, surge el personaje de Agnes, alrededor de la cual aparecerán su hermana Laura, su marido, Paul, y el mundo contemporáneo, que idolatra a la tecnología y la imagen. Y es que tal vez el hombre no sea sino su imagen, reflexiona Rubens, a quien sólo le quedan dos o tres fotografías mentales de la más excitante de sus amantes. Pronto, las aventuras de esos personajes imaginarios se mezclan con las de dos candidatos a la inmortalidad, Goethe y Bettina von Arnim, mientras la reflexión sobre el nacimiento del homo sentimentalis se alterna con las peripecias del singular profesor Avenarius.
En enero de 1909, una estafa realizada por un tal Henri Lemoine contra la compañía De Beers dedicada a la explotación de minas de diamantes acabó adquiriendo notoriedad mundial.
Marcel Proust, cuyo estilo ya se estaba perfilando en los primeros esbozos de la Busca del tiempo perdido, tomó este caso para describirlo a la manera de Balzac, Flaubert, Renan, Michelet o Saint-Simon, recurriendo, con ello, “a plena conciencia, a la parodia”, con la idea de evitar “malgastar el resto de nuestras vidas escribiendo parodias involuntarias”, o leyéndolas.