Décadas después de la batalla del Día del Juicio Final, la Tierra es próspera gracias al conocimiento transferido por Trisolaris. Pero la humanidad se ha vuelto autocomplaciente... ¿Alcanzará las estrellas, o morirá en su cuna?
El público y la crítica de los cinco continentes se rinden a la obra cumbre de la ciencia ficción del siglo XXI, enormemente visionaria, sobre el papel de la ciencia en nuestras sociedades y las claves geopolíticas del mundo en que vivimos.
«Tener ideas originales es cada vez más difícil».
CIXIN LIU
Hace años tenía compañeros de armas y una causa en la que creer, pero ahora el hombre que se hace llamar Nómada solo conoce la vida a la fuga. Obligado a saltar de un mundo a otro en el Cosmere cada vez que la implacable Brigada Nocturna le gana demasiado terreno, Nómada acaba en un nuevo planeta y de inmediato se ve implicado en la trifulca entre un tirano y los rebeldes que solo pretenden evitar que los conviertan en esclavos sin mente. Y todo bajo la amenaza constante de un amanecer cuyo calor derrite la misma piedra. Incapaz de comprender su idioma, ¿sabrá navegar el conflicto y obtener el suficiente poder para saltar fuera del planeta antes de que su mente o su cuerpo paguen el precio definitivo?
Smaug, por cierto, parecía dormido cuando Bilbo espió una vez más desde la entrada. Estaba a punto de dar un paso adelante y en ese momento alcanzó a ver un repentino y delgado rayo rojo bajo el párpado caído del ojo izquierdo de Smaug.
El mago Gandalf y una compañía de enanos han llevado a Bilbo muy lejos de la vida cómoda y despreocupada de Bolsón Cerrado, y el hobbit se encuentra
de pronto comprometido en una peligrosa aventura: robar el tesoro de Smaug el Magnífico, un dragón enorme y muy peligroso. Aunque interviene de mala gana, Bilbo sorprende a todos por su habilidad e inventiva.
Escrito por J.R.R. Tolkien para sus hijos, El hobbit tuvo un éxito inmediato cuando se publicó en 1937. Esta edición especial de 1997, ilustrada por Alan Lee, conmemora el sexagésimo aniversario de un gran clásico que se ha establecido a sí mismo como uno de los libros más influyentes de nuestro tiempo.
En Pleno verano & Garcetas blancas, Derek Walcott trata los temas distintivos de su carrera: el complejo legado colonial del Caribe, su amor por la tradición literaria occidental, la sabiduría que llega con el paso del tiempo, las siempre extrañas alegrías del nuevo amor y, a veces, la aterradora belleza del mundo natural, con una intensidad y un impulso que recuerdan su obra más grande. A través de la fascinante repetición de temas e imágenes, Walcott amplía las posibilidades de la rima y la métrica, la forma poética y el lenguaje. Las lenguas el inglés y el creole se imbrican para formar un caudaloso tejido de sentidos y sensaciones que reflejan el amor de Walcott por su tierra, por un lenguaje comprometido y vivo del que todos formamos parte.
Reunir los cuentos de Franz Kafka (1883-1924) significa ofrecer en un solo volumen toda la ficción breve del autor, tanto la publicada en vida como todos los relatos dispersos que fueron publicados de manera póstuma, incluyendo La transformación, Un médico rural o Descripción de una lucha, su primer cuento escrito. Kafka es una de una de las mentes más singulares del siglo xx y una de las «formas de estar en la literatura» que más han influido en generaciones posteriores. Incluso, como hay quien se atreve a aventurar, en sus precursores. Así de original y de importante es el universo literario de Kafka. La nueva traducción de Alberto Gordo, tomada como un verdadero reto, logra aunar originalidad y naturalidad, un equilibrio entre la sutil tirantez del estilo kafkiano y la fluidez debida a una traducción actual. Kafka ha de sonar a Kafka, porque ningún otro escritor había sonado ni suena como él, y ahí radica parte de su encanto.
Continuamos con el proyecto de ediciones ilustradas de las novelas de Joe Abercrombie. Tras La voz de las espadas, con las espectaculares ilustraciones de Alejandro Colucci, llega el segundo volumen de la trilogía de La Primera Ley: la apasionante Antes de que los cuelguen, a cargo del extraordinario artista David Benzal. La mejor fantasía en ediciones preciosas y cuidadas que te van a acompañar por mucho tiempo.
En busca del tiempo perdido, el joven narrador sigue persiguiendo, sin encontrarla, su «vocación invisible» de escritor: «Le resulta a usted más entretenido no hacer nada», le dice su amigo Saint-Loup. Aunque va acumulando nuevas decepciones, lo encontramos más templado, algo menos introspectivo. Su gran iniciación es ahora en la antiquísima aristocracia del Faubourg Saint-Germain, un mundo tan jerarquizado y con tantas capas que moverse por ellas exige la pericia de un malabarista: el temor a no estar a la altura en una cena, las rivalidades y deseos de emulación entre familias y salones, los ingenios y los desprecios componen un cuadro de ansiedad social que despierta tanta admiración como burla. Vuelven a aparecer los temas del amor como «creación ficticia» y de las ambiguas conexiones entre sensibilidad y memoria, pero esta vez en un marco histórico determinado por el furor antisemita que produjo el caso Dreyfus. Gracias a él muchos advenedizos pertenecientes a «la Liga de la Patria Francesa y no sé qué más» consiguen colarse en los altos estamentos, «como si una opinión política fuera una calificación social»; y por culpa de él se pelean entre sí los mayordomos de distintas casas, que tienen una forma de pensar tan compleja como la de sus señores. El temible cronista de sociedad que siempre fue Proust despliega aquí la herencia balzaquiana en todo su esplendor e impregna incluso la representación compasiva de la intimidad y el dolor.
A los veintinueve años, y tras haber compuesto un buen número de obras para los corrales de comedia, Pedro Calderón de la Barca logró una pieza de capa y espada modélica: La dama duende, amenísimo juego de amores, dudas, osadías y desplantes, cifrados en la tramposa alacena que preside y engrana una acción dramática magistral en su progresión y que se alimenta sobre todo de la confusión y el engaño.
La Ilíada fue compuesta en verso. Fue concebida para ser recitada, y utiliza por tanto el hexámetro dactílico, un tipo de verso de seis pies en el que se alternan las sílabas largas y breves de un modo que confiere a la recitación un ritmo característico, ideal para ser acompañado con música: el inicio de una ininterrumpida tradición que ha dado lugar a los cantares de gesta, a los romances de ciego y al rap.
Pero han pasado tres mil años. Es tal la distancia temporal, tanta la diferencia de los referentes culturales entre el público que asistía entonces a la recitación y el lector actual de los textos homéricos, que es vano pretender reproducir, siquiera con una mínima aproximación, el efecto que la Ilíada pudo producir en las fechas cercanas a su creación.