Jebi está cansada de la ruidosa y abarrotada Seúl y de su aburrido trabajo en un estudio de fotografía de la ciudad, así que, cuando ve un anuncio acerca de la hermosa isla de Jeju, decide dejar su trabajo y pasar allí el verano.
Pero como si fuera una señal, el último día de su viaje, justo cuando debe regresar a su vida real, Jebi lo pierde todo: el teléfono, las tarjetas de crédito y el billete de avión. Mientras pasea por un pueblo de pescadores pensando qué hacer, tropieza con una pequeña tienda de fotografía. Así empieza su segunda oportunidad.
Una joven pareja de novios, un anciano expolicía atormentado por su pasado, las bellas haenyeo de Jeju, buceadoras locales que se zambullen para pescar… Todos habitan las fotos de Jebi y cuentan la magia de la isla y de la pequeña tienda de fotografía donde se cumplen los sueños.
Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños.
Por los alrededores merodean los soldados de distintas guerras y la amante malograda: al anochecer, se escucha la noria susurrada de sus cuitas. Pero es muda la familia que la casa añora: Lucero, su mujer y sus cuatro hijos ¿por qué no vuelven? Precisa y delicada, esta novela conjuga la poesía del litoral con un repertorio procaz de anacronismos.
NO LA DEJES ENTRAR.
Para Bela, de ocho años, su familia es todo su mundo. Están sus padres y la abuela Ruth. Pero también está la Otra Mamá, un ser que vive en su habitación y le pregunta a diario: «¿Puedo entrar en tu corazón?».
Al principio se contentaba con mirarla desde el armario. Pero últimamente la Otra Mamá parece estar cansándose de hacerle la misma pregunta una y otra vez sin éxito. Últimamente ha empezado a seguirla por la casa. Incluso por la calle. Por primera vez, alguien más la ha visto...
Se está acercando.
Solo necesita una respuesta.
A su vuelta de África, donde ejercía de dibujante para una agencia de prensa, Dick Heldar se reencuentra en Londres con una vieja amiga de la infancia. Pronto retoman su relación, de naturaleza ambigua y teñida tanto por las aspiraciones artísticas de ambos como por su deseo de alcanzar el éxito. Será cuando los dos empiecen a trabajar en su anhelada obra maestra cuando la situación dé un vuelco con irrevocables consecuencias.
La luz que se apaga fue la primera novela que publicó Kipling, un potente ejercicio de estilo en el que el autor desmenuza con gran realismo las cicatrices bélicas, desarrolla los que serían algunos de sus temas favoritos (el desarraigo en la infancia, las amistades inquebrantables, el amor y los viajes a tierras lejanas) y presenta un desenlace tan sorprendente como inolvidable.
Una aprendiza de bibliotecaria.
Un príncipe hechicero.
Un vínculo mágico inquebrantable.
El imperio Solaris necesita una conquista más para unificar el continente, y la singular magia que permanece oculta en el interior de Vhalla Yarl, una aprendiza de bibliotecaria de diecisiete años, podría cambiar el curso de la guerra.
A Vhalla siempre le han enseñado a temer a la Torre de los Hechiceros, una misteriosa sociedad mágica, por lo que ha encontrado refugio en el tranquilo mundo de los libros. Pero cuando, sin saberlo, salva la vida de uno de los hechiceros más poderosos, el príncipe heredero Aldrik, se siente atraída por su mundo. Ahora debe decidir qué hacer con su futuro: si abrazar su magia y abandonar la vida que conoce, o erradicarla y permanecer donde siempre ha estado. Y con poderosas fuerzas acechando entre las sombras, la indecisión de Vhalla podría costarle más de lo que imagina.
En esta obra maestra, publicada en 1923, Jean Cocteau nos muestra, a través de Thomas, su propia experiencia en el París de la Primera Guerra Mundial. Cuando se publicó fue calificada de escandalosa por una sociedad para la que la guerra era un asunto sagrado que debía quedar al margen de cualquier mirada irónica o crítica. Cocteau se disfraza y, por medio de la impostura de su personaje, crea una realidad distinta de la que le tocó vivir. El relato nos va ofreciendo una serie de acontecimientos tan irreales como sorprendentes en los que Thomas, un muchacho de dieciséis años dotado de una especial personalidad, no tiene más remedio que jugar, provocando en los personajes que lo rodean una irresistible confianza y atracción. «Hay gentes que lo poseen todo y no consiguen mostrarlo, ricos tan pobres y nobles tan vulgares que la incredulidad que inspiran acaba por volverlos tímidos y les confiere una actitud sospechosa. En ciertas mujeres las perlas más bellas se tornan falsas. En cambio, en otras, las perlas falsas parecen verdaderas. De igual modo, existen hombres que inspiran una confianza ciega y disfrutan de privilegios a los que no podrían aspirar. Guillaume Thomas pertenecía a esa raza de bienaventurados.»