Durante una fiesta de fin de semana en Chimneys, una casa histórica situada en medio de la campiña inglesa, un grupo de amigos decide gastarle una broma a Gerry Wade, conocido por ser un gran dormilón. Deciden programar ocho despertadores para que empiecen a sonar uno tras otro a partir de las 6:30 de la mañana. Sin embargo, al amanecer se dan cuenta de que falta uno de los relojes, y lo que empezó como una inocente broma pronto se convierte en una horrible tragedia.
Tres amigos de toda la vida Sergio, Marcos e Iván ven tambalear su amistad cuando Sergio compra una pintura moderna: un lienzo completamente blanco, con apenas unas líneas casi imperceptibles, por una suma exorbitante. Marcos se indigna, Iván intenta mediar, y lo que parece una simple discusión sobre arte contemporáneo se transforma en una explosiva confrontación sobre el gusto, los valores, el ego y la lealtad entre amigos.
Nadie más que yo tiene derecho a matarte, señorita Vitalio. La última cara que verás será la mía. Si se trata de morir, tu vida me pertenece».
Tristan Caine es una anomalía en los bajos fondos de la mafia. Es el único miembro de los Tenebrae que no pertenece a la familia. Sus habilidades no tienen igual, su moralidad es más que cuestionable y sus motivaciones son todo un enigma. Es letal, y lo sabe.
Morana Vitalio también es consciente de ello. Es la hija de la familia rival, una mente tecnológica brillante capaz de hacer con un ordenador lo que Tristan con una pistola. Cuando un misterio de hace más de veinte años vuelve a salir a la luz, Morana se infiltra en la casa de Caine dispuesta a matarlo…, aunque ignora los lazos que los unen y que harán que el odio, el deseo y el pasado los aten sin remedio.
Tristan Caine, el Cazador, no estaba preparado para la llegada de Morana Vitalio. Tras romper una promesa que llevaba defendiendo años, dentro de él se origina una batalla encarnizada entre su futuro y su pasado. La única certeza que tiene es que la vida de Morana aún le pertenece.
A Morana Vitalio, la línea entre enemigos y aliados cada vez le parece más difusa. Su mundo se ha desintegrado ante sus ojos y, ahora, se enfrenta al vacío de lo desconocido en territorio hostil. La única certeza que tiene es que ella es la dueña de su propia vida.
Unidos por un enigma de hace más de veinte años, Tristan y Morana buscan juntos la verdad. Sin embargo, el misterio de las niñas desaparecidas es solo la punta de un gran iceberg.
Quedan muchos esqueletos por desenterrar.
Y se acerca la tormenta.
¿Y SI VOLVEMOS A QUEDAR DENTRO DE UN AÑO, EL MISMO DÍA?
¿Y EL AÑO SIGUIENTE? EL MISMO DÍA, A LA MISMA HORA, EN EL MISMO SITIO.»
Ben y Fallon se conocen por casualidad un 9 de noviembre cuando sus vidas están cambiando. Ella está a punto de instalarse en Nueva York para perseguir su sueño de convertirse en actriz de teatro, y Ben quiere ser escritor. Pasan el día juntos, pero la intensidad de lo que comparten los lleva a fijar una cita anual: cada 9 de noviembre, durante los próximos cinco años, se volverán a ver. Una cita para revivirlo todo. Una cita para entenderlo todo. Y desafiar lo imposible...
«—No quiero ser el primero, Fallon. Quiero ser el último.
—Y yo quiero que seas el primero y el último.»
«El mejor Muñoz Molina […]. Un libro magnífico que arrastra al lector a un torbellino de emociones.» Ricardo Baixeras, Abril, El Periódico
«Vuelve el narrador poderoso que echa luz sobre los entresijos morales de nuestra sociedad.» Santos Sanz Villanueva, El Cultural
«Una novela que emocionará a los lectores […]. Contiene algunas de las mejores páginas que haya escrito nunca Antonio Muñoz Molina.» J. M. Pozuelo Yvancos, ABC Cultural
En su juventud, Gabriel Aristu y Adriana Zuber protagonizaron una apasionada historia de amor que parecía destinada a durar para siempre. El futuro, sin embargo, tenía otros planes para ellos. Separados durante cincuenta años por un océano de incomunicación, ella atrapada en la España de la dictadura, él viviendo el éxito profesional en Estados Unidos, vuelven a encontrarse en el ocaso de sus días. Miradas, caricias, deseos acallados y viejos reproches dejarán paso entonces a la constatación de que la nostalgia de aquel primer amor lo es también de la persona que una vez fuimos.