Iola, Colorado, 1948. Victoria Nash es una joven de diecisiete años que ayuda a su familia a cultivar melocotones a orillas del río Gunnison. La vida parece sonreírle cuando conoce por casualidad a Wilson Moon, un joven vagabundo con un pasado misterioso, de piel morena y ojos negros y brillantes, si bien la chispa que se enciende entre ellos acabará desencadenando tanta pasión como desgracia. Y cuando la tragedia les golpea, Victoria decide abandonar la vida que lleva y huir a las montañas para protegerse a sí misma y el secreto que guarda en su interior. Con el paso de las estaciones, Victoria consigue hallar fuerzas para recuperarse y seguir adelante, gracias también a su amistad con mujeres tan fuertes y valientes como ella, aunque muy diferentes.
Inspirada en hechos reales, Como si fuera un río es una historia palpitante de resiliencia femenina frente a las dificultades, las prevenciones y las pérdidas, pero también sobre la capacidad del ser humano para encontrar coraje, camaradería y un hogar en las circunstancias más adversas.
La bella Marguerite desaparece repentinamente de su pequeño pueblo en el norte del estado de Nueva York,pero las causas no están del todo claras. ¿Hubo alguien más involucrado? ¿O simplemente aprovechó la oportunidad para dejar atrás su angustiosa vida? Veinte años despues, su hermana menor, Gigi, reconstruye las pistas de lo acontecido aquellos días y de la investigación posterior. Poco a poco, las revelaciones sobre las dos hermanas se vuelven claras, y se desvela que su perfecta vida hogareña no era tan placentera como parecía. Y sutilmente, con la maestría de Joyce Carol Oates para el suspense, comenzamos a vislumbrar lo acaecido.
Bajo el título de “Doce lunas”, un poema de la primera época de Eduardo Jordá que sirve para definir una vida de poesía, este volumen ofrece una antología personal en la que cada poema es acompañado por un relato homónimo donde el autor evoca el momento que hizo posible la escritura. No son comentarios ni análisis, sino relatos autónomos que iluminan la gestación del poema y ensanchan su sentido, al revelar la circunstancia de la que partió el poeta. “Un poema ocurre, de repente, sin previo aviso. Vemos algo, o sentimos algo –sin que sepamos muy bien qué es–, y sabemos que ahí hay un poema, que se manifiesta en forma de revelación o epifanía”, escribe Jordá, convencido de que cada poema encierra su propia historia y de que esa historia merece ser contada en una especie de making of. Formada por 55 composiciones en verso y otros tantos relatos asociados, que ven aquí la luz por primera vez, la selección incluye varios poemas inéditos y otros que no han aparecido en volumen exento, sino en revistas y publicaciones sueltas. La relación no sigue un orden cronológico según la fecha de composición o publicación, sino que se estructura según su propia “vida interior”, de acuerdo con el esquema de las doce lunas que da título al libro; dicho de otro modo, los poemas se han agrupado siguiendo la pauta de un ciclo –los meses del año, las fases de la vida– que ya se acerca al final. En realidad, podría decirse que Doce lunas es la autobiografía poética de un autor que no tiene ninguna intención de escribir una autobiografía.
Las vidas de Gloria Felipe y de Nuria Valencia se entrelazan en torno al robo de una niña pequeña que conmociona a la capital mexicana en la década de 1940. Por medio de una narradora que (en sus propias palabras) «no canta mal las rancheras», somos testigos de la batalla de los Miranda Felipe por recuperar a la menor de sus integrantes y de la crianza angustiosa de los Fernández Valencia para salvar a su propia niña de un peligro potencial que la policía no ha podido frenar y los medios reportan con el tono de un thriller.
Atravesada por diversas imágenes de agua –en forma de lluvia, mar, brisa, estanque o charco– que reflejan el estado anímico de sus personajes, Soñar como sueñan los árboles ofrece una mirada crítica de los mandatos de la maternidad, y muestra también las posibilidades de rebeldía y autodeterminación que abrieron las mujeres del medio siglo para nosotras. El sentido del humor sagaz y punzante de Brenda Lozano hace imposible soltar el libro hasta llegar a sus últimas páginas.
Se reúnen en este volumen: El caldero de oro (1982), La orilla oscura (1985) y El centro del aire (1991). La primera es el relato de un tiempo mítico que reúne en sí el pasado y el presente, es la historia de quien regresa al pueblo de sus antepasados, abandonado y solitario, para encontrarse con un destino encerrado en su propia historia. La orilla oscura trata de la memoria y el sueño, el recuerdo y la evocación. El protagonista contempla cómo un viaje fluvial por la jungla sirve para que lo imaginario le lleve a esa otra orilla en la que la consciencia se convierte en un viaje hacia el propio origen. Por último, en El centro del aire dos hombres y una mujer, amigos de la niñez, descubren la posibilidad de que otra amiga no haya muerto en un accidente aéreo, como ellos creían, sino que se encuentre en algún lugar lejano, ocultando su verdadera personalidad.
Las razones de Olivia Casanova terminan animando al joven Teo del Valle, quien acepta ser su “escritor fantasma” a cambio de una importante suma de dinero. Convencido de que por fin la vida le sonríe, accede a viajar con ella a León, su ciudad natal, para ambientar la historia. La sorprendente aparición en el lugar de su amiga Aitana lo cuestiona todo y le abre los ojos: esa mujer no lo quiere por sus cualidades literarias; sus intenciones son otras y entre los dos se proponen averiguarlas.
Así, a medida que van investigando, descubrirán un pasado que Teo desconocía. Una aventura que unió las vidas de ambos mucho tiempo atrás y les dejó una huella imborrable. Sin embargo, la aventura resultará más peligrosa de lo que Olivia Casanova podía imaginar.
Una entretenidísima novela contemporánea que narra una historia de amor e infidelidad en el marco del proceso de escritura de una novela.