Segundo volumen de la gran serie sobre el distinguido hotel Savoy y la familia que lo regenta, ambientada en los años 30.
Londres 1936. Violet hereda el legado de su abuelo y dirige el Hotel Savoy. Además de sus interminables responsabilidades, tiene una gran deuda personal. Violet se siente responsable de la muerte de su compañero John. Solo el encuentro con el noble francés Omar de la Durbollière parece ofrecerle una nueva oportunidad. Aunque observa horrorizada los cambios políticos en Alemania, acepta la invitación a los Juegos Olímpicos de Verano. Sin embargo, no solo en el escenario de la política mundial, sino también en el Hotel Savoy, los acontecimientos suceden de forma tan rápida que Violet será incapaz de impedirlos.
Él fue un quarterback del equipo de fútbol americano de los Chicago Stars.
Ella intenta convertir su propia agencia de detectives enuna empresa de éxito.
¿Su primer trabajo? Seguirlo a él.
Por el momento, limitémonos a decir que las cosas no irán bien, nada bien.
Piper Dove es una mujer con un sueño: convertirse en la mejor detective de Chicago. Su primer trabajo será seguir a Cooper Graham, antiguo quarterback de los Chicago Stars. El problema es que él se ha dado cuenta de que ella lo sigue, y eso le disgusta bastante. Sin embargo, Piper no tarda en encontrarse trabajando para el propio Cooper, que la contrata para que vigile a los empleados de su nuevo y exclusivo club nocturno.
Por otra parte, es posible que la vida de Cooper corra peligro, y Piper está empeñada en protegerlo, tanto si él lo desea como si no.
Ojalá no se estuviera ocupando también de un grupo de princesas del Medio Oriente, una criada paquistaní que ansía la libertad, un adolescente problemático y una vecina anciana que exige que encuentre a su marido, que no puede estar más muerto. Y además está CooperGraham, un legendario héroe del deporte que siempre consigue lo que desea... incluso si lo que desea es una intrépida detective empecinada en demostrar que es tan dura como él.
Pocas obras han desatado tanta controversia y fascinación como Salomé, el escandaloso drama con el que Oscar Wilde incendió los escenarios europeos y desafió los valores estéticos y morales de su tiempo. Con una escritura fulgurante, marcada por la sensualidad y una violencia contenida, esta tragedia breve se despliega como un ritual poético y perverso que roza lo sagrado y lo sacrílego al mismo tiempo. La historia, inspirada en los Evangelios pero desbordada por el genio provocador de Wilde, gira en torno al deseo prohibido, la obsesión y el poder de la mirada. Salomé, joven y enigmática, convierte su danza en un arma de seducción y condena, mientras que la belleza y el horror se abrazan en un clímax implacable que aún hoy continúa estremeciendo. Una reflexión aguda sobre la corrupción del deseo, la arbitrariedad del castigo y el arte como forma de transgresión absoluta. En sus páginas late la esencia misma del decadentismo y el espíritu estético de fin de siglo. Más de un siglo después, su lectura sigue siendo tan inquietante como imprescindible.
El primer amor, de Iván Turguénev, es una de las cumbres literarias del romanticismo ruso. En sus páginas, este extraordinario autor captura con exquisita delicadeza la conmoción y la intensidad de ese primigenio atisbo del amor, ese vértigo que transforma a quien lo experimenta por primera vez. El relato sigue a un joven de dieciséis años, Vladímir, atrapado entre la euforia y la melancolía al conocer a Zinaída, una mujer que encarna tanto la belleza como el misterio. A través de su conexión, Turguénev despliega un abanico de emociones universales: la inocencia de la pasión adolescente, el dolor del amor no correspondido y la complejidad de las relaciones humanas. La obra nos enfrenta a la naturaleza fugaz e inmortal de ese amor inicial, que, aunque efímero, deja una huella indeleble. Una historia de sentimientos, un estudio profundo de los matices del alma humana escrito con una prosa que sigue brillando por su claridad y sensibilidad. Un clásico eterno que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones.
Leer esta magnífica historia es como descorrer un oscuro velo hacia lo desconocido. En esta obra maestra del terror cósmico, H. P. Lovecraft, el arquitecto del miedo ancestral, nos guía hacia un mundo donde las certezas se desmoronan y la cordura se convierte en un frágil espejismo. El relato traza un inquietante descenso hacia las profundidades de lo prohibido, allí donde fuerzas inimaginables aguardan, indiferentes a la insignificancia humana. Con su inconfundible estilo, el autor entrelaza ciencia, mitología y horror, creando una atmósfera tan opresiva como fascinante. La narrativa, cargada de detalles meticulosos, dibuja criaturas imposibles, vastos abismos y secretos olvidados que despiertan tanto la fascinación como el terror. Ese terror que se transforma en más horror, en un horror insoportable, en una exploración de los límites de la percepción, una advertencia sobre la osadía de desafiar lo incognoscible. Con cada palabra, este genio de Providence nos sumerge en un abismo de pesadilla del cual, quizá, no podamos regresar…
Hay libros importantes. Libros influyentes. Libros que cambian vidas. Y luego está El Principito, una obra que ha tocado millones de corazones en todos los rincones del planeta y que ha logrado algo infinitamente más difícil: recordarnos que fuimos niños… y que aún podemos serlo. Publicado por primera vez en 1943, traducido a más de 500 idiomas y dialectos, convertido en símbolo, consuelo y brújula existencial, esta pequeña novela es —hablando claro— un fenómeno literario irrepetible. Un bestseller mundial difícilmente comparable.
A través de un pequeño viajero interplanetario que lanza preguntas desconcertantes a adultos que ya no saben responderlas, Saint-Exupéry despliega con ternura, humor y una tristeza luminosa las grandes preguntas de siempre: ¿qué significa amar?, ¿por qué nos volvemos tan serios?, ¿dónde se esconde lo esencial?
Hay quien dice que este libro es para niños. Otros aseguran que lo entienden mejor los adultos. La verdad es que El Principito no está pensado para una edad concreta. Es para quien lo necesita. Y tarde o temprano… todos lo necesitamos.