Antes del Sputnik, antes de Gagarin, Arthur C. Clarke describió con una precisión asombrosa en sus novelas inéditas en castellano la conquista del espacio y los detalles más recónditos de cómo se desenvolverían los seres humanos en la órbita terrestre... y más allá. En Preludio al espacio, que se publica aquí por vez primera en nuestro idioma, Clarke imagina un consorcio de empresas e instituciones, Interplanetaria, que planea y realiza el primer vuelo con destino a la Luna. La propuesta de Clarke es tan plausible que su cohete dispone de una primera fase reutilizable, un diseño lógico que se descartó durante la carrera espacial y los viajes lunares reales, pero que ha sido recuperado con éxito por las empresas espaciales privadas en la actualidad. En Islas en el cielo, igualmente inédita en español, el afortunado ganador de un concurso televisivo recibe como premio una estancia en la Estación Interior, la más cercana del rosario de estaciones espaciales que orbitan la Tierra en el siglo XXI: desde las estaciones meteorológicas hasta los hoteles y hospitales espaciales, pasando por las estaciones repetidoras que permiten la comunicación entre todos los puntos del planeta en la órbita geoestacionaria u órbita de Clarke, llamada así por ser éste el primero en teorizarla. Naufragio en el mar de la Luna, que se presenta aquí con una nueva traducción, es la última de las novelas tempranas de Clarke que cimentaron su fama mundial antes de 2001. En ella, una nave turística lunar, la Selene, se hunde catastróficamente en una concavidad lunar repleta de polvo finísimo, y los pasajeros atrapados y las autoridades de la Luna deben emplear todo su ingenio para salvar a la nave de ser engullida por este implacable fenómeno físico.
Para Max Brod, hay un denominador común indudable en las tres novelas de su amigo Franz Kafka: la situación del acusado en El proceso, la del intruso y extraño en El castillo, el desamparo e inocente inconsciencia de El desaparecido en la tumultuosa América… En las tres obras se muestran distintas facetas de la circunstancia del hombre moderno. De ahí que las tres novelas configuren la Trilogía de la soledad que Kafka nos legó.
«Por fin voy a evocar toda aquella locura argentina, a todos aquellos seres arrebatados por la violencia. Me decidí a hacerlo porque muy a menudo pienso en los muertos, pero también porque sé que no hay que olvidarse de los sobrevivientes.»
Por fin se publican reunidas en un solo volumen las tres novelas con las que Laura Alcoba ha narrado una infancia ―su infancia― y, con ella, también la historia de la época más convulsa de la Argentina contemporánea: La casa de los conejos, El azul de las abejas y La danza de la araña. Aquí palpita una memoria viva y llena de claroscuros que nace en 1975, poco antes del inicio de la dictadura argentina, atraviesa el exilio en Francia y alcanza hasta la llegada de la adolescencia en un país que quizá ya sea el propio, pero quizá no.
Esta historia a caballo entre un lado y otro del océano, siempre anhelando una patria imposible, tiene la carga de emotividad que solo el recuerdo de la infancia o la mejor literatura pueden invocar. Ambos están presentes aquí con una fuerza y una finura únicas. Todo un fenómeno editorial en Francia y ya un clásico de la literatura autobiográfica más reciente.