Una novela disparatada e inquietante sobre la familia, México y el empeño de escabullirse de la realidad.
El protagonista de esta novela regresa a su pueblo en México después de largos años viviendo en el extranjero, donde ha formado una familia y lleva una vida apacible. Vuelve a la casa de sus padres para ayudar a sus hermanos a cuidar de ellos, ya mayores y con achaques. Se supone que será un paréntesis breve y luego retomará la rutina. Sin embargo, una noche queda con un amigo de la infancia y la realidad se transforma en una sucesión de sobresaltos, en la cuenta que el hijo pródigo tendrá que pagar por haberse marchado y no entender cómo ha cambiado México durante su ausencia.
Desde su irrupción en el panorama literario tras la publicación dePurga, una novela que sigue cosechando premios y excelentes críticas, Sofi Oksanen no ha dejado de sorprendernos con su imaginación desbordante y su denuncia de los dramas humanos. EnEl parque de los perros, combina el realismo más crudo y elthrillerpsicológico para recrear una parte de la historia europea reciente, poniendo el foco en la industria de la fertilidad y los vientres de alquiler a través del vínculo entre dos mujeres en una Ucrania empobrecida tras la caída de la Unión Soviética.
A caballo entre la Helsinki contemporánea y la Ucrania postsoviética,El parque de los perros narra la compleja relación entre la corrupción de Oriente y la codicia de Occidente, y la de dos jóvenes atrapadas en ese implacable engranaje. Extremadamente aguda y perspicaz, Sofi Oksanen teje un relato cautivador sobre la incapacidad de sobrevivir al trauma de un hijo perdido que es, también, un alegato contra la instrumentalización del cuerpo femenino.
Dos vidas: la de Flora Tristán, que pone todos sus esfuerzos en la lucha por los derechos de la mujer y de los obreros, y la de Paul Gauguin, el hombre que descubre su pasión por la pintura y abandona su existencia burguesa para viajar a Tahití en busca de un mundo sin contaminar por las convenciones. Dos concepciones del sexo: la de Flora, que sólo ve en él un instrumento de dominio masculino, y la de Gaugin, que lo considera una fuerza vital imprescindible puesta al servicio de su creatividad. Vargas Llosa revela en esta novela el nexo de unión entre dos personajes opuestos: alcanzar un paraíso donde sea posible la felicidad.