Desde la alegría inapelable, el amor o el desamor, la creatividad exótica, la desesperación, la risa, la ebriedad o la locura, los seres que pueblan estas páginas revelan una originalidad que puede parecer alucinada. Este conjunto de locos, de rinocerontes resplandecientes, nos conduce a la empatía o al asombro pasmado, pero siempre, de alguna forma, a la identificación profunda con unas personas que desde su deriva están sintiendo de verdad, con desorden, con dulzura, desenfrenadamente.
Manuel Vilas retrata en este libro la excepcionalidad de la mente del hombre moderno y transmite, con acrobacias imposibles, plenas de fantasía, que la elección más sugerente siempre es el trastorno. Porque éste, aun en sus manifestaciones más extremas, es sin duda una de las maneras más intensas de vivir.
El protagonista de esta novela nace con un pie deforme y, debido a su temperamento delicado, sufre todo el dolor que un defecto físico conlleva. La asunción de sus carencias y la parte que esta tara juega en su vida se convertirán, pronto, en una obsesión.
Me llamo Millie y busco empezar una nueva vida. Las cosas no han sido fáciles para mí pero afortunadamente los Winchester me han dado una oportunidad. Ahora todos los días limpio su casa, recojo a su hija del colegio y les preparo la comida. Intento no prestar atención al extraño comportamiento de Nina Winchester y a sus mentiras. No me resulta difícil imaginar cómo sería vivir en su piel. El gran vestidor, el coche de lujo, el esposo perfecto.
Hasta que un día no me resisto a probarme uno de sus maravillosos vestidos. Solo quiero saber qué se siente. Pero ella pronto lo descubre, y cuando me doy cuenta de que la puerta de mi habitación solo se cierra por fuera ya es demasiado tarde.
Algo me reconforta: los Winchester no saben quién soy en realidad. No saben de lo que soy capaz...