La catedral del mar.
Barcelona. Siglo XIV. El joven Arnau trabaja como palafrenero, estibador, soldado y cambista. Una vida extenuante, siempre al amparo de la catedral de la mar, que le iba a llevar de la miseria del fugitivo a la nobleza y la riqueza. Pero con esta posición privilegiada también le llega la envidia de sus pares, que urden una sórdida conjura que pone su vida en manos de la Inquisición...
Los herederos de la tierra.
En la Barcelona de finales del siglo XIV, el anciano Arnau Estanyol se convierte en el protector de Hugo Llor, un muchacho huérfano cuya vida quedará ligada para siempre tanto a los Estanyol como a sus poderosos y crueles enemigos.
En el amor y en la guerra.
1442. Arnau Estanyol, nieto del protagonista de La catedral del mar, sirve con fervor al rey de Aragón en la conquista de Nápoles cuando los enemigos eternos de la familia aprovechan su ausencia para irrumpir en su palacio y atacar a su hijastra, la joven Marina, con consecuencias devastadoras para todos.
Lila y Lenù son amigas. En el barrio de Nápoles donde crecen, y con la turbulenta historia de mediados del siglo pasado como telón de fondo, aprenden juntas a gobernar su vida en un entorno donde la astucia, antes que la inteligencia, es el ingrediente de todas las salsas. El paso de los años las acercará y las separará, enfrentándolas a las ambivalencias de la amistad y la rivalidad femenina, la maternidad, la clase social y el amor.
Considerada por The New York Times como la mejor novela del siglo XXI, esta historia convulsa protagonizó uno de los acontecimientos literarios más importantes de los últimos años. Al cumplirse diez años de la publicación de la saga compuesta por La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida, esta edición especial ofrece la saga en un solo volumen como una única obra de ficción, tal como la enigmática autora la pensó y como explica, para maravilla de sus millones de lectores y aspirantes a escritores, en el apéndice incluido al final del libro.
'Hay que entender que siempre hemos concebido el significado de las imágenes como algo quieto, fijo y clavado en la pared. Con Perejaume, y sobre todo con los transportes que ha llevado a cabo, nos hallamos ante un intento de liberar estos significados para ponerlos en un sistema de circulación, arrastrándolos por una orografía muy particular. Esto les obliga a tener accidentes, encuentros y encontronazos que ejercen una violencia productiva sobre el sentido que se les había adjudicado. Dicho de manera muy sintética, esto es lo que algunos han llamado el paso de un significado objetivo a uno trayectivo. No podemos olvidar que este tipo de transportes constituyen para Perejaume una modalidad de escritura. Él es el representante de lo que podríamos llamar una escritura total. Una escritura que se despliega caminando, dibujando o hablando, y que se hace viviendo. Es una escritura que exige salir de los espacios que a menudo protegen a las imágenes. Una vez a la intemperie quedarán expuestas a los embates de lo imprevisible.'