En siete días, Jet Mason estará muerto.
Jet es la hija de una de las familias más ricas de Woodstock, Vermont. Tiene veintisiete años y todavía espera que su vida comience. Lo haré más tarde, dice siempre. Ella tiene tiempo.
Hasta la noche de Halloween, cuando Jet es atacado violentamente por un intruso invisible.
Ella sufre una lesión catastrófica en la cabeza. El médico está seguro de que, dentro de una semana, la lesión provocará un aneurisma mortal.
Jet nunca pensó que tuviera enemigos. Pero ahora ve a todos bajo una nueva luz: su familia, su ex mejor amiga convertida en cuñada, su ex novio.
Tiene como máximo siete días, y como su condición se deteriora, solo puede contar con la ayuda de su amigo de la infancia Billy. Pero aun así, está absolutamente decidida a terminar algo finalmente:
Jet va a resolver su propio asesinato.
La vida de la familia Torres es un caos. El padre, puertorriqueño «Paps», y la madre, nacida en Brooklyn «Ma», deciden tener tres hijos pese a su precaria situación laboral. Les darán una educación peculiar que se desarrollará entre trabajos basura, problemas en el barrio y anécdotas familiares íntimas y divertidas.
En ese marco, solo el cariño y el amor entre ellos harán posible que sobrevivan en esa jungla que es la ciudad. Pero la principal jungla de la historia es la de la infancia, porque los tres niños, los verdaderos protagonistas de la novela, se comportarán como pequeños animales en continuo aprendizaje: travesuras, extrañas conversaciones con los adultos, juegos, inocencia y destellos de esa inteligencia tan lúcida y en ocasiones impropia de los niños pequeños.
El componente autobiográfico hace aún más interesante este relato, pues retrata a la perfección la vida en las afueras de Nueva York a finales de los ochenta y las oportunidades que esta ciudad ofrecía a los habitantes del colectivo latino.
Este libro presenta un universo en el que el lector se siente cómodo, ya que es cercano y está cargado de imágenes de gran belleza y lirismo, y consigue hablar del amor y del cariño en la familia sin utilizar el discurso cursi o manido al que estamos acostumbrados.
Un pueblo llamado Paradise, una casa en el lago y un montón de canciones convertidas en constelaciones. Hannah está a punto de descubrir que no puede elegir no enamorarse.
Hannah no quiere saber nada de Luke, su novio el último verano que pasó en Paradise, ni de Jamie, su estúpido mejor amigo, ni de Joy Ann, la antigua jefa de las animadoras, ni de Jennifer, Zoe, Joey o Teagan, los populares cuando todos estaban en el instituto.
Pero Avery va a casarse con uno de ellos y Hannah haría cualquier cosa por su mejor amiga. Además, Avery ha utilizado la carta de la amistad. Doble motivo para quedarse en Paradise atrapada con ellos en la maldita casa del lago.