Dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud: una cinta inquietante. Dos adolescentes, compañeras de clase, se descubren crudamente con otra mirada el día de fin de curso. Una mujer evoca, muchos años después, la fiesta en que sus amigos universitarios se atrevieron a invocar al Otro, una tarde que cambió para siempre sus vidas. ¿Puede producirse entre humanos una interacción semejante a la que se da entre algunas plantas…? En una ciudad italiana, a la que ha viajado para acompañar a su pareja, un hombre accede a la zona en obras de la catedral donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Una mujer cruza acalorada la calzada atestada de coches y, tras un conato de desvanecimiento, repara en una curiosa tienda nueva en el barrio. Con un magistral uso de la psicología e introduciendo sutiles perturbaciones en la experiencia cotidiana, las historias de Lo que no se ve rozan a menudo lo inexplicable, lo terrorífico, pero también lo no dicho, lo que intuimos y no sabemos expresar, o lo que inesperadamente nos cambia y no olvidaremos ya nunca.
¿Es cierto que los hijos de Joseph Goebbels fueron asesinados en el búnker del Führer? ¿Es cierto que fue su propia madre, Magda, quien los mató poco antes de quitarse la vida? ¿Y si no fue así?
Ignacio Padilla juega con la posibilidad de que los seis niños pudieran haber salido con vida del búnker. No sólo eso, imagina los destinos que cada uno pudo haber vivido y sus identidades reconstruidas ya siendo adultos. Alguna podría haber vivido en el puerto de Malombrosa (el puerto imaginario de su Espiral de artillería) o en Argentina. Quizás uno de los pequeños escapó por una serie de túneles que lo alejaron de una muerte segura. Una de las hijas, tal vez, se convirtió en una promesa de los escenarios, en una prima donna.
Florencia, 1940. Para Manuela, una adolescente instruida en la complacencia, conocer a Ava, enigmática e independiente, en un colegio para señoritas en la capital de la Toscana, supone traspasar las puertas de un universo que siempre ha visto privado: el de atreverse a ser ella misma lejos de los preceptos de su padre. Pero pronto, Manuela también descubrirá las sombras de Ava, quien plasma en pinturas escenas oscuras que asegura son visiones y que un buen día desaparecerá sin dejar rastro, como si ella y su obra jamás hubiesen existido.
San Sebastián, 1950. Tras su reciente orfandad y escapando de la tutela de su hermano, Manuela decide pasar el verano en su rincón favorito del norte buscando tranquilidad. Pero sus planes cambian cuando la invitan al mayor acto social de la temporada: la inauguración de la misteriosa Villa Allur y accidentalmente descubra, entre sus paredes, un extraño cuadro que conoce bien y que jamás pensó que volvería a ver. La última obra de Ava.