«La señora Dalloway dijo que iría ella por las flores.»
Clarissa se prepara para dar una fiesta y, en su camino, se cruzan antiguos amantes, amistades de infancia y un excombatiente suicida.
Bajo su aparente sencillez, esta premisa oculta una estructura compleja, en la que el pasado y el presente se entrelazan en un intricado juego narrativo. La autora emplea la cadencia rítmica de su prosa—que fluye como las conciencias de sus personajes—, los saltos temporales y los diferentes puntos de vista para demostrar que tras el mundo figuradamente ordenado que rodea a Clarissa subyace un caos interior.
En esta novela, Virginia Woolf rompe con la narrativa británica tradicional y propone una magistral reflexión sobre el paso del tiempo, el feminismo y la locura.
Cal Donovan, eminente profesor de Historia de las religiones y Arqueología en Harvard, es llamado con urgencia al Vaticano. Debe dar su opinión sobre el misterioso caso de un sacerdote que sufre los estigmas de la crucifixión y afirma tener visiones místicas. Donovan comprueba asombrado que las heridas del religioso son reales y que se parecen a las infligidas a Jesús en la cruz.
La situación se convierte en preocupante cuando el clérigo es secuestrado y Donovan descubre que él no es el único interesado en este supuesto milagro. ¿Por qué una misteriosa sociedad trata desesperadamente de averiguar la clave de los estigmas? La respuesta es un secreto milenario y será una verdadera bomba de relojería si cae en las manos equivocadas.
Tras el éxito de Lo que hay, vuelve con una novela sobre la distancia, el deseo y la fantasía la autora «llamada a revolucionarlo todo» (Elle), revelación del año 2022 según los libreros independientes y uno de los mejores debuts del mismo año según El Cultural.
«Todo lo que toca, lo que escribe, lo que observa, se convierte en belleza».
Inés Martín Rodrigo, abril
Una joven fotógrafa se pone en contacto con una escritora veinte años mayor para tomarle unos retratos mientras trabaja en su próxima novela, titulada La seducción. Tras intercambiar varios correos, la escritora la invita a pasar unos días en su casa, una pequeña masía en la costa catalana. Al llegar, nada es como esperaba, la anfitriona se muestra distante y no se deja fotografiar. Ante el rechazo, la fotógrafa tomará esas instantáneas en su mente, alimentando a la vez su ansiedad y su deseo. Esa convivencia extraña en una casa en la que todo parece dispuesto para elplacer se tensará con la aparición de Greta, una amiga de la escritora con quien parece compartir una intimidad de límites difusos.