Días 1931-1934 es uno de los volúmenes más decisivos del conjunto de diarios de Yorgos Seferis. En el podemos asistir al nacimiento y hasta la configuración de algunos de los rasgos más característicos de la obra del poeta y ensayista griego, así como a la exploración de su mundo interior y de su personalidad creadora. Desde la obsesión por el cuerpo y la sensualidad hasta el interes por la traducción poetica, pasando por su pasión por la música, las arraigadas aversiones, el acercamiento a la obra de Eliot o el peso, a veces insoportable, de dramáticos conflictos psicológicos, el lector es aquí testigo de una interioridad atormentada, que llega incluso a desdoblarse a veces en otras figuras creadoras (como Estratis el Marino).
Una historia magistral sobre las parejas, el amor y el engaño.
La convivencia en una pequeña comunidad de ingenieros españoles en el extranjero se desmorona tras desvelarse la relación que ha mantenido uno de ellos con la esposa de otro. En unos pocos días, todo el frágil entramado de complicidades, de pequeñas hipocresías y de deseos contenidos de los miembros de la colonia se vendrá abajo, y saldrá así a la superficie un mundo de sexo, engaños y sueños largamente incumplidos.
También yo quería entrar en el mundo real, y por un momento lo logré. Los dos caballos salvajes que estaban frente al Chevrolet Avalanche se pusieron a girar como en un carrusel, y con ellos el de Cornelie, el caballo negro de Franquito y otros caballos que formaban parte de mi pasado. Pensé -solo por un momento, ya lo he dicho- que aquella era la imagen de mi vida, y que me sería fácil poner junto a los caballos, o en su lugar, criaturas humanas: la mujer que leía Reader's Digest, el hombre que en el hospital se sentía enjaulado como un mono, José Francisco, Didi, Adrián, L., yo mismo, Ángela, Izaskun, Sara... Una vuelta, dos vueltas, tres, cuatro, y así hasta que el carrusel se parase. Pero ¿dónde estaba el centro? ¿Dónde el eje en torno al cual giraba todo?»