En un mundo corrupto, el amor es su salvación.
«Líneas firmes. Hombros anchos. Ojos azules, un azul ardiente. Es un hombre aparentemente frío, pero hay algo arde bajo la superficie. Algo que lleva demasiado tiempo cubierto por una capa de hielo. Y quiero verlo derretirse».
Gianna se ríe demasiado fuerte, su ropa es demasiado ajustada y sus tacones demasiado altos. Pero lo que nadie sabe es que todo eso es solo un disfraz para ocultar sus ataques de pánico.
Con un corazón de piedra, fama de corrupto, y una tendencia problemática al control y al número tres, Allister es un agente del FBI que nunca ha sentido la tentación de desviarse de su camino… hasta ahora.
Ambos saben que no tienen manera de ganar, que un final feliz no está en sus cartas pero, a veces, ni los mejores jugadores saben cuándo dejar de apostar.
Publicada tras la Segunda Guerra Mundial y considerada una de las mejores novelas negras de todos los tiempos, esta obra nos invita a reflexionar sobre la importancia de la imparcialidad y la investigación metódica en la búsqueda de la verdad. Muestra, además, la poca ecuanimidad de la justicia, sobre todo en comunidades rurales donde las apariencias y los prejuicios se imponen con demasiada frecuencia. Marion Sharpe y su madre, dos mujeres que viven en una pequeña población inglesa, tratan de defenderse de la acusación que plantea contra ellas una huérfana de guerra, Betty Kane, que afirma haber sido víctima de un presunto caso de secuestro y maltrato.
No pudo evitar preguntarse por qué el asesino de sus padres la quería viva. Y si eso no era una razón suficiente para desear estar muerta.
Cuando la mañana del 10 de agosto del año 30 a.C. la reina egipcia Cleopatra es encontrada muerta por la guarnición romana encargada de custodiarla para llevarla a Roma para el desfile triunfal de Octavio, la cólera de los romanos recae sobre sus dos hijos mellizos, Cleopatra Selene (Luna) y Alejandro Helios (Sol), de apenas diez años. Son acusados de haber ayudado a su madre a darse muerte, escatimando así el golpe de efecto que hubiese tenido la presencia de la orgullosa egipcia encadenada por las calles de Roma. Los mellizos, juntos con su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, son apresados y llevados a la península itálica. Son los hijos de la reina vencida y del triunviro Marco Antonio, que se ha suicidado también ante la victoria de Octavio.
Los niños llegan horrorizados a Roma en compañía de su tutor y son obligados a desfilar encadenados ante el carro de Octavio, el futuro emperador Augusto, pero su corta edad despierta la compasión del pueblo romano. En la creencia de que quizá puedan serle útiles en el futuro, Octavio accede a perdonarles la vida y ponerlos bajo la tutela de Octavia, su hermana y la legítima esposa de Marco Antonio, la mujer a la que abandonó para unirse a Cleopatra.