Todo el mundo confía en María para salir del enredo que se ha formado en este curso. La directora la lio parda al presentar una solicitud y ahora les han concedido una suculenta beca, pero nadie quiere organizar la red colaborativa entre centros que les exigen. El claustro ya está a punto de aceptar que Mister Marshall pasará de largo cuando María acepta ponerse al frente del proyecto.
Por mucho que algunos piensen que los maestros tienen quinientos meses de vacaciones y que se pasan el día recortando cartulinas, la verdad es que María no sabe de dónde sacará el tiempo para poner de acuerdo a tres escuelas de la España vaciada. Sobre todo ahora que su madre la ha metido en otro buen embolado y le ha endilgado a su prima en casa para ver si esta continúa magisterio o le va más el cine. Y es que, a ratos, la vida de los maestros parece una película.
La segunda parte de Forjadora de Espadas.
Después de derrotar a la terrible comandante Kymora, Ziva se ve obligada a emprender una carrera vertiginosa junto con sus compañeros para encontrar un sanador mágico capaz de salvar la vida de su hermana, herida durante la batalla contra Kymora.
Sin embargo, pronto Ziva y Kellyn son capturados por un príncipe ambicioso que obliga a la herrera a fabricar armas mágicas con las que pretende dominar el mundo.
La fragua siempre ha sido el espacio seguro de Ziva, un lugar para evitar la sociedad y la ansiedad que le causa, pero ahora es su prisión, y no está segura de cuánto de sí misma tendrá que sacrificar para rescatar a Kellyn y salvar a su hermana.
Thomas Bernhard (1931-1989) fue poeta, novelista y dramaturgo, además de un polemista enérgico y elocuente. Su obra, que reúne elementos del absurdo, el existencialismo y la farsa mordaz, se cuenta entre las más admiradas de la literatura contemporánea, tanto por la inmensa originalidad de su estilo como por su inquebrantable crítica a las imposturas y la ambigüedad moral de sus contemporáneos. En "Maestros Antiguos" (1985), la última de sus novelas, Bernhard ofrece una aguda reflexión sobre la senectud, así como una suerte de enmienda a la totalidad del arte, sus supuestas reglas y sus presuntas virtudes. En impecable consonancia con el resto de su obra, y de la mano del laberinto verbal originado por su prosa obsesiva, escribe aquí un ejemplo brillante de artificio narrativo y una nueva diatriba contra el Estado y una sociedad frívola que se complace en satirizar.