Hay libros que nunca se olvidan. Historias que siguen hablándonos, aunque pasen los siglos. Este estuche reúne doce de esos títulos imprescindibles, editados en la cuidada colección Penguin Clásicos Vintage.
Aquí están Borges y su infinito Aleph, la mirada profética de Orwell en 1984, el estremecedor viaje de Raskólnikov en Crimen y castigo, la pasión desbordada de Cumbres borrascosas y la ironía romántica de Orgullo y prejuicio. También la lucidez de Virginia Woolf en Una habitación propia, el testimonio inolvidable de El diario de Ana Frank, la hondura de Tolstói en La muerte de Iván Ilich y la intensidad de Zweig en Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Completan el conjunto la sabiduría práctica de El arte de la guerra, la serenidad espiritual de Siddhartha y la filosofía luminosa de Séneca en Sobre la felicidad.
Doce clásicos universales en ediciones bellas, portátiles y con el encanto retro de Penguin. Una biblioteca personal en miniatura que invita a leer, a regalar y a volver siempre a lo esencial: el placer de los grandes libros.
«La reencarnación de un texto en palabras que no son las originales es quizá una de las más eficaces pruebas del poder creativo del lector. La traducción es la forma más profunda y minuciosa de lectura. Penetrar en un texto, desmontarlo, reconstruirlo con frases que obedecen a las expectativas de otros oídos y de otros ojos es darle nueva vida. De esa manera, el texto se vuelve ahora más consciente de sus engranajes y de su deuda con el azar y el placer. Por eso elijo hablar aquí de traducción a partir de fragmentos que el propio original desatiende, o rechaza, o de los que se avergüenza; todo aquello que queda expuesto (como dice Don Quijote) en el caótico envés de un tapiz.» (Alberto Manguel).
Una ventana privilegiada a los mecanismos del poder y la comunicación política en el Barroco español.
Manuel Rivero Rodríguez nos sumerge en el mundo de la propaganda política del Barroco a través de tres biografías del conde duque de Olivares, encargadas y supervisadas por el propio valido para moldear su imagen pública durante el reinado de Felipe IV, y que evolucionan con la fortuna política de su protagonista: desde los Fragmentos históricos de Juan Antonio de Vera y Zúñiga (1628), que presentan a un Olivares modesto y dialogante en sus primeros años de gobierno; pasando por el Retrato del privado cristiano político de Virgilio Malvezzi (1635), que lo muestra como estadista ejemplar en tiempos de aparente éxito; hasta el desesperado Nicandro (1643), último intento por defender su reputación tras los desastres de Cataluña y Portugal que precipitaron su caída.