«La gracia del arte radica en que es la actividad libre por excelencia. Pero esta actividad libérrima y creativa ha sido rondada permanentemente por dos amantes peligrosas. La política y el capitalismo han tratado de multiplicar sus fuerzas fundiéndose con ella.»
Comerciantes de arte roban paredes y puertas con obras de Banksy, un festival erótico disecciona los males políticos de España para estimular el consumo de pornografía, un autobús tránsfobo hace las veces de instalación itinerante, se estetiza el espacio público en Cataluña para hacer invisible al adversario... En los últimos años la cultura ha trabado una relación asfixiante con el capitalismo y con la política. Pareciera que el destino de toda expresión artística es acabar convertida en una mercancía cultural, en un incentivo para el turismo o en un arma estratégica en las batallas ideológicas.
Este estupendo ensayo examina las tensiones entre la cultura, el mercado y el populismo contemporáneo. Carlos Granés ofrece un certero diagnóstico del presente y nos muestra con contundentes ejemplos el modo en que, paradójicamente, mientras el arte se vuelve políticamente correcto y renuncia a las estrategias de la vanguardia, la política opta por tácticas transgresoras y escandalosas para captar la atención del otro.
'Ya no entendemos qué es la democracia'. Esta afirmación es el núcleo central del nuevo ensayo de Marcelo López Cambronero. En él se defiende que los esquemas de comprensión que habitualmente utilizamos para entender la política, y en especial la democracia, han caducado, han dejado de ser útiles para explicar la realidad en la que vivimos, sacudida por la revolución cultural posmoderna, el cambio tecnológico acelerado y el incremento desmedido de las capacidades de control social.
Si queremos salvar la democracia hemos de liberarnos de estos esquemas y buscar otros a partir de un cambio de paradigma: la democracia contemporánea no consiste en el gobierno del pueblo, sino en un modelo de gestión y reparto del poder en la sociedad.
Salvemos la democracia es un breve y muy efectivo texto filosófico-político, donde encontramos reflexiones ordenadas eficaz e ingeniosamente sobre el poder, el tiempo, la revolución, la transformación de las sociedades, el papel de las ideologías y la nueva forma de hacer la guerra, entre otros problemas cruciales de nuestro mundo actual. Con todo ello se intenta responder, entre otras cuestiones, a si vivimos en democracia o, en todo caso, a si podemos recorrer un camino que nos permita reconstruirla y consolidarla.
Un análisis profundo, como nadie podría hacerlo, sobre la involución de las nuevas generaciones
Girauta alerta contra las actuales formas de manipulación sentimental e ideológica. De paso, nos explica cómo la izquierda se ha hecho con la hegemonía cultural. Entenderlo exige una aproximación al posmarxismo. En concreto, al enlazamiento de causas o luchas aparentemente independientes.¿Por qué la derecha no ha impuesto ni una sola causa propia en las últimas décadas? ¿Por qué va a rastras en materia de valores? ¿Por qué siempre acaba interiorizando premisas a las que en un principio se resiste? Existe una razón principal: se ha desentendido de la guerra cultural y no cree en el poder del discurso. En ese sentido, la derecha es infinitamente más materialista que la nueva izquierda.
Una advertencia importante: la guerra cultural que Girauta defiende no persigue que la hegemonía cultural pase a la derecha. Su objetivo es que se preserven los principios fundacionales de la democracia liberal, paulatinamente desvirtuados: igualdad, libertad de expresión, carga de la prueba, respeto a la esfera privada, etc.
Convertida en generadora permanente de antagonismo, la izquierda democrática ha mutado su naturaleza. Esta transformación, sumada a la insensata renuncia al imaginario de conservadores y liberales, explica el regreso de la censura, la cancelación cultural, el neopuritanismo, la coacción ambiental y la infantilización de la sociedad. También la paradoja de una juventud siempre al lado del poder establecido mientras cree combatirlo. Se la ha formado para no soportar las opiniones contrarias, que interpreta como violencia. Mientras, las grandes corporaciones tecnológicas fomentan la hostilidad social y la frustración individual.
Hoy, como ayer, la izquierda, en la búsqueda eterna de la justicia social, debe tener una sólida base moral que entienda que un mundo sustentado en el sufrimiento de los nadie y en la lucha del último contra el penúltimo es un mundo intencionadamente mal hecho, fruto de muchas derrotas, en el que nada es casual. Si la historia nos habla de una realidad de libres y esclavos, de opresores y oprimidos, de eternos antagonismos, debemos decir sin pudor que la historia es una lucha eterna y cambiante de clases en la que el control siempre ha sido negado a los mismos. El propio Marx dijo una vez yo no soy marxista y es necesario dudar de todo. Con estas frases parecía invitarnos a no fosilizar su diagnóstico que, aunque válido hoy, está sujeto a constantes cambios presentes y venideros. La izquierda debe ser y es mucho más que sus partidos o sus líderes políticos. Ni unas siglas ni un líder deben erigirse en salvadores o redentores de causas o patrias como ha venido sucediendo los últimos cien años. La izquierda debe luchar por garantizar vidas que merezcan la pena ser vividas. Vidas en las que sea el trabajo lo que cree riqueza y no el dinero. Vidas en las que triunfen el talento y la inteligencia, y no el abuso y la ley del más fuerte. Vidas en las que todos tengan todo sin quitar nada a nadie, en las que importe más el cómo y el por qué que el dónde y el quién.
Gabriel Rufián es diputado desde 2016 por Barcelona del Grupo de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados.
Un apasionante viaje al futuro del amor y el sexo en la era de la Inteligencia Artificial
¿Cómo será el amor de aquí a treinta años? ¿Existirá tal y como lo conocemos? ¿Viviremos con menos vínculos humanos? ¿Tendremos relaciones sexuales y afectivas con robots? A caballo de la tecnología, la experiencia humana del amor está cambiando a la velocidad de la luz y eso, indica Roanne van Voorst al comienzo de este libro, «puede tener consecuencias sobre lo que nos caracteriza como especie».
Los cambios en las relaciones afectivas ya se advierten en el actual éxito de las apps de citas, el auge del poliamor y la mayor tasa de soledad. Para 2050, uno de cada dos europeos vivirá solo y el 10 % de los jóvenes estará abierto a convivir con un robot. Un escenario que augura cambios fundamentales y apasionantes retos en nuestra manera de entender el afecto.
Con inteligencia, apertura de mente y gran capacidad divulgativa, la antropóloga Roanne van Voorst analiza las profundas modificaciones sociales que se están operando y las luces y sombras en torno a las relaciones humanas.
Sexo con robots y pastillas para enamorarse es el resultado de tres años de investigación, un apasionante viaje al futuro para el que la autora no ha escatimado fuentes de información: «Para escribir este libro tomé pastillas para enamorarse, entablé una amistad virtual, alquilé un amigo humano, contraté a una masajista erótica, compartí cama y sofá con muñecos sexuales y coqueteé con la inteligencia artificial».
«Un ensayo provocador que, aunque se equivoca al vaticinar la extinción humana, acierta al identificar el desafío: la llegada de sistemas de IA avanzados con metas propias.» Jaime Sevilla, director de Epoch AI, centro de investigación del futuro de la IA
«Si no entiendes cómo funciona una IA, estás en buena compañía: los propios ingenieros que las construyen tampoco lo entienden del todo. Este libro, que combina enfoques de seguridad informática con filosofía y ciencia ficción, explica por qué eso debería preocuparnos.» Hugo Viciana, filósofo y experto en ciencias cognitivas
Desde hace unos años, cientos de expertos en inteligencia artificial vienen advirtiendo que esta supone un grave peligro de extinción para la humanidad. Sin embargo, la carrera no ha dejado de intensificarse: empresas y países compiten por crear máquinas más inteligentes que cualquier persona, y el mundo no está preparado. Durante décadas, Yudkowsky y Soares han estudiado cómo pensarán estas inteligencias, y su conclusión es cristalina: basta una mínima desviación para que desarrollen objetivos propios en conflicto con los nuestros. Si llega el momento, no habrá marcha atrás, pero aún estamos a tiempo de frenar y diseñar políticas que garanticen nuestra seguridad. La solución está clara: debemos actuar ahora para que la IA sea una aliada, no una amenaza.