Tras la muerte repentina del padre, la familia Dashwood queda desamparada. La novela sigue los avatares de esta familia, orientando la atención especialmente hacia las aventuras de sus dos hermanas mayores, que encarnan posturas vitales diametralmente opuestas: si Elinor representa el sentido común y la razón, Marianne actúa impulsada por el sentimiento y la emoción.
A través de la ironía, la prosa de Austen refleja perfectamente la rígida e injusta sociedad de finales del XIX y las escasas posibilidades de la mujer de la época.
En Sentido y sensibilidad, Jane Austen explora con sutileza e ironía las opciones de la mujer en una sociedad rígida, donde el éxito o el fracaso dependen de la elección del marido. La historia se centra en dos hermanas, Elinor y Marianne, cuyas personalidades antagónicas ejemplifican dos posibles respuestas femeninas ante la hipocresía dominante: el «sentido común» y la «sensibilidad». Sin embargo, tanto un camino como el otro entrañan sus peligros.
Maisie Jones usa un par de gafas diferentes cada día, ama las novelas policíacas y su trabajo como médica residente en el Hospital Whitestone, el cual no quiere perder. No por su asma y definitivamente no por Grant Masterson: el enfermero que sonríe cada vez que la ve y que logra que se le acelere el pulso. Pero es que Maisie nunca pensó mucho en el amor, hasta ahora. Y cuando decide finalmente permitirse sentirlo, podría ser ya demasiado tarde...
Año 1892. Desengañado tras los sucesos de Sherlock Holmes y el legado de Moriarty, el detective de Baker Street dirige sus pasos hasta el Tíbet, donde emprende el camino de la iluminación siguiendo las enseñanzas del Dalái Lama. Una paz que se verá alterada cuando un misterio digno del mayor de los investigadores requiera de sus habilidades: la reaparición de un mal ancestral que acecha en las cimas inexploradas del Himalaya.
En el invierno de 1990, fracasado su proyecto para una película sobre Rossini, Robert Altman abandona Italia. Pide algo para leer en el avión, su secretaria le da varios libros de Raymond Carver y, cuando llega a los Estados Unidos, Altman tiene la certeza de que allí hay otra película. Absolutamente fiel al estilo (a una visión de América, de unos tiempos y de una manera de vivir) y libre con respecto a la letra, las formas, los personajes, Altman dialoga con Carver, entrelaza y combina historias, mueve las figuras de un relato a otro, estructurando, a su manera, la novela que Carver escribiera con sus cuentos.
Publicada en 1947, Si esto es un hombre surgió en la imaginación de su autor durante los días de horror en Auschwitz. Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles. Es la sobriedad del testimonio de Primo Levi, una víctima que no grita pero que arranca el grito de la garganta de su lector, lo que devuelve al horror su realidad y lo hace inteligible como una siniestra señal de peligro.
Madrid, 1991. Siete mujeres muy diferentes coinciden en una pequeña academia de costura donde compartirán la historia de sus vidas. Cada una tiene un motivo distinto para aprender a coser y, entre telas, patrones y alfileres, todas ellas irán conectando con partes de sí mismas que creían olvidadas, descubrirán el poder terapeutico de la amistad entre mujeres y, puntada tras puntada, hilvanarán el relato de sus amores, dolores y secretos familiares.
Una historia inolvidable que nos muestra que en la costura, como en la vida, casi todo tiene remedio; que equivocarse y aprender van de la mano, y que cada puntada siempre encierra una enseñanza.
Las casas son siete, y están vacías. La narradora, según Rodrigo Fresán, es «una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca». Y la cordura, como siempre, es superficial.
Samanta Schweblin nos arrastra –desde hace diez años– hacia Siete casas vacías y, en torno a ellas, empuja a sus personajes a explorar terrores cotidianos, a diseccionar los miedos propios y ajenos, y a poner sobre la mesa los prejuicios de quienes, entre el extrañamiento y una «normalidad» enrarecida, contemplan a los demás y se contemplan.
La prosa afilada y precisa de Schweblin, su capacidad para crear atmósferas densas e inquietantes, y la estremecedora gama de sensaciones que recorren sus cuentos han hecho a este libro uno de los más importantes de la última década.
Recomiendo leer con atención el prólogo de Ednodio Quintero sobre la vida y obra de Tanizaki, y sobre sus contrapuestas etapas de seguidor de las modas occidentales y después fiel continuador de las tradiciones japonesas.» Joaquín Arnáiz, La Razón «Lean con golosa avidez Los dos novicios, Los pies de Fumiko y Nostalgia de mi madre. Tres variantes –de siete– para celebrar sin mesura la poética narrativa de Junichiro Tanizaki, tan vital como bella, elíptica y sugerente.» Robert Saladrigas, «Cultura|s», La Vanguardia La refinada sensualidad, la subversiva idea del deseo, la sutil concepción de la belleza y el permanente contraste entre tradición y modernidad se condensan de forma proverbial en esta selección de siete relatos, elegidos entre una vasta producción y ordenados cronológicamente. En ellos, el lector percibirá la evolución de la narrativa breve de Tanizaki, desde su fascinación inicial por Occidente hasta la exaltación de los valores de la tradición japonesa.
Cuatro destinos. Dos misiones. Una mujer. Vuelve a sumergirte en un tiempo inolvidable junto a la protagonista de El tiempo entre costuras.
La segunda gran guerra llega a su fin y el mundo emprende una tortuosa reconstrucción. A pesar de que Sira afronta el futuro con ansias de serenidad. No lo logrará, sin embargo. El destino le tendrá preparada una trágica desventura que la obligará a reinventarse, tomar sola las riendas de su vida y luchar con garra para encauzar el porvenir.
Entre hechos históricos que marcarán una época, Jerusalén, Londres, Madrid y Tánger serán los escenarios por los que transite. En ellos afrontará desgarros y reencuentros, cometidos arriesgados y la experiencia de la maternidad.
Sira Bonnard —antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga— ya no es la inocente costurera que nos deslumbró entre patrones y mensajes clandestinos, pero su atractivo permanece intacto.