En Barranquilla, un niño es partido en dos por su abuela. «Un lado de tu cara es elegante y el otro es vulgar», le dice ante el espejo, mientras traza una línea desde la frente hasta la boca, lanzando una suerte de hechizo social. Aunque ella, a toda costa, intenta que el lado «distinguido» del niño reluzca, la casa se suma en una bancarrota que provoca el quiebre mental del padre y que revela de maneras insospechadas e hilarantes, esa procedencia plebe que la abuela insiste en ocultar.
La frontera encantada es la historia de la vida que sigue a ese suceso fundacional. Es la indagación profunda, descarnada y entrañable de los meandros que recorre el narrador mientras le hechizo crece y se manifiesta en el amor, el sexo y la amistad. Y es, sobre todo, el recuento del enorme esfuerzo que hace por recomponer la libertad y el amparo a través del gozo del cuerpo. A la manera de unas «mil y una noches costeñas», esta novela oscila con delicadeza entre la narrativa, el ensayo, el archivo y la fantasía. Como un largo cuento de hadas, condensa la propuesta estética y política de un autor extraordinario.
Viena, 1945. Las tropas aliadas han ocupado la capital austríaca y británicos, norteamericanos y soviéticos se la han repartido en sectores. El mercado negro florece. Un escritor mediocre, Rollo Martins, llega a la ciudad por invitación de su amigo de infancia Harry Lime, pero solo a tiempo para asistir a su funeral. Al parecer, Lime murió atropellado por un automóvil. ¿Acaso porque, según dice el mayor británico Calloway, se había convertido en el jefe sin escrúpulos de una banda que traficaba con medicamentos? Martins decide investigar por su cuenta, hasta que un misterioso personaje se cruza en su camino.
La ilustradora Annika Siems consigue recrear la atmósfera de la célebre adaptación cinematográfica, acompañando la novela de Greene de un sugerente juego de luces y sombras ejecutado con acuarelas. El telón de fondo ideal para el siniestro y apasionante juego de escondite entre Martins y el escurridizo «tercer hombre».
John Steinbeck escribió esta novela justo después de su gran éxito Las uvas de la ira. Narra el accidentado viaje de un autobús rural entre las poblaciones de Rebel Corners y San Juan de la Cruz, en California, al término de la Segunda Guerra Mundial. Es un magistral retrato de personajes y en un acerado estudio sobre los problemas centrales de todos los hombres en todas las épocas: la familia, el sexo, el amor, las ambiciones, las frustraciones y los anhelos… Esta obra se aleja del sentimentalismo y la autocomplacencia. Es un viaje interior hacia el corazón de unos viajeros perdidos en la decepción del sueño americano. El autobús perdido contiene algunos de los grandes temas clásicos dentro de la obra narrativa del premio Nobel de Literatura John Steinbeck.
Felipe es fantasioso, procrastinador, romántico, tierno, tímido y perezoso. Tiene una imaginación desbordante y una gran afición por el Llanero Solitario. Es autor de frases memorables como "Justo a mí tenía que tocarme ser como yo" o "¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?", y es uno de los mejores amigos de Mafalda, esa niña polémica, concienciada y encantadora que ha conquistado el corazón de millones de lectores.
Un hombre y un ángel ante el espejo. Nada tan distinto. Al contemplarse en él, la realidad humana se evapora, mientras que la celeste proyecta su belleza angélica, pero renovada y grávida de sentido.
Sólo el amor tiene la capacidad de emparentar a los humanos con los ángeles. En esta tierra, los breves instantes que procura el amor conducen a los amantes ante las puertas de la plenitud del ser, donde los opuestos se reconcilian. En este territorio milagroso, la angustia ha perdido todo dominio, la vida y la muerte caminan de la mano y ninguna frontera es ya capaz de separar lo visible y lo invisible.
Heredero de la gran tradición lírica chilena ―reconocida anteriormente por el premio Reina Sofía en la figura de Gonzalo Rojas y Nicanor Parra―, su obra revela el aliento épico y la ambición de la totalidad presente en La Araucana de Ercilla y continuada con títulos como Altazor, de Vicente Huidobro o Canto general, de Pablo Neruda. Estas grandes creaciones, a las que habría que añadir otras universales como la Divina Comedia dantesca ―eje vertebrador de su escritura―, la Biblia, el Popol Vuh, Finnegans Wake, Pedro Páramo, los Cantos de Pound o las leyendas mapuches, dan idea de la magnitud de una poética enmarcada en la tradición de la ruptura pero, asimismo, deudora de los títulos mayores de la historia de la literatura, signada por la coherencia a lo largo de cincuenta años de carrera.
Elvira Sastre, escritora, traductora y filóloga, nació en Segovia en 1992, es una de las poetas más reconocidas e influyentes de la poesía en español de los últimos años. Su obra lírica está reunida en el libro Lo que la poesía aún no ha escrito, Visor 2023. Como novelista en 2019 obtuvo el Premio Biblioteca Breve. «A Elvira Sastre se la veía venir, desde su primer libro. Después ha llegado lejos porque ha seguido buscando, pero en estos versos iniciales ya era evidente que se trataba de una escritora distinta, especial, con una mirada digna de ser oída. Sus obras son espejos para mucha gente porque reflejan estados de ánimo colectivos, ofrecen refugio a quien los lee y le cuentan también su propia historia, porque su autora tiene una mirada a la vez íntima y social, romántica y reivindicativa; y algo más que es la virtud que distingue a los buenos poetas: ser una buena narradora. Volver a estas páginas nos confirma que no nos equivocábamos a quienes empezamos a seguirle la pista en ellas».
La poesía española es una gran floresta, aunque según José Manuel Blecua: «Ha de ser la rosa, ese ruiseñor de las flores, quien se lleve la palma en competencia con las demás». José Esteban realiza un largo recorrido por los rosales líricos, a veces espinosos, siempre fragantes e invariablemente efímeros, como la vida del hombre, metáfora cruel esa «flor del instante», que decía el gran Rubén Darío. La nómina de poetas jardineros es extensa: alcanza desde los arábigos andaluces hasta contemporáneos como Eugenio de Nora y Gastón Baquero, pasando por Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Gustavo Adolfo Bécquer, Leopoldo Lugones y, como no, Miguel de Cervantes, el santo laico de las letras españolas. Galdós reclama a Dios un día de dedicación para crear la rosa y el asno de Apuleyo ha de comer esta flor para convertirse en hombre.
La belleza de los textos de Elvira Sastre acompañada, por primera vez, de sus propias fotografías analógicas, la mayoría de ellas inéditas. Un libro íntimo y personal en el que refleja su mundo interior tanto con palabras como con imágenes, estableciendo un diálogo entre ambos que resalta su composición estética.
Costumbrismo, naturaleza, sencillez, hogar, raíces, detalles: así es este proyecto, vibrante y emotivo; una suerte de cuaderno de bitácora vital conmovedor e imprescindible.
En un atardecer de septiembre de 1905, una niña nace de una madre aturdida por el opio en la antigua ciudad de Esmirna. En ese mismo instante, un apuesto espía indio llega al puerto con una misión secreta del Imperio británico. Navega entre agujas y minaretes dorados, el aroma de higos y sicomoros, y los gritos de los vendedores ambulantes que anuncian sus productos. Cuando marche de Esmirna, diecisiete años después, lo hará aterrorizado por el denso olor a queroseno y humo mientras las llamas devoran la ciudad y sus habitantes hasta su total destrucción. Muchas cosas habrán ocurrido entre su llegada y su partida. Nacimientos, muertes, romances y duelo están por venir mientras estas calles pacíficas y cosmopolitas se utilizan como moneda de cambio tras la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio otomano. Narrada a través de los destinos entrelazados de una familia levantina, una griega, una turca y una armenia, esta inolvidable novela revela una ciudad y una cultura ahora perdidas en el tiempo. Y unos personajes que siguen teniendo muchas cosas que decirnos, pues como afirma Sherezade, 'cuando resurgí de las cenizas de la ciudad perdida, me llamaron Sherezade. A pesar de que un siglo ha pasado desde mi nacimiento, aún no ha llegado a su fin mi vida, condenada a cien años de silencio. Aunque mi lengua esté muda lo contaré todo'.