Se trata de uno de los libros más influyentes de todos los tiempos, cuya trama se reinterpreta y reinventa continuamente en la literatura, en el cine y en el teatro, y cuyos temas y protagonistas principales persisten, y se han convertido en parte de nuestra cultura. Sin embargo, la esencia de esta novela ha sido demasiado simplificada, distorsionada y remodelada para ser un aviso sobre la derrota del bien frente al mal. La verdadera naturaleza del relato de Stevenson es mucho más compleja. No es una simple exposición de la hipocresía victoriana. Tampoco es un cuento sobre el mal superando al bien (o, como en las obras teatrales y en las películas, el bien superando al mal por su autodestrucción). En vez de eso, es una súplica conmovedora para entender que todos nosotros albergamos tanto un Jekyll, como un Hyde, en nuestro interior. No podemos superar a Hyde; no podemos purificar a Jekyll. Sólo podemos reconciliar las influencias y las fuerzas que operan dentro de nuestros corazones y nuestras mentes. Como señaló Chesterton: «La verdadera punzada de la historia no es el descubrimiento de que un hombre es dos, sino el hallazgo de que dos hombres son uno».
Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje plagado de ominosas señales, Harker es recogido en el paso de Borgo por un siniestro carruaje que lo llevará, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.
onathan Harker, un joven pasante de abogado, debe viajar a la lejana Transilvania para atender a un misterioso cliente. Harker descubre pronto que algo se oculta tras los viejos muros del castillo del conde Drácula, secretos que hunden sus raíces en antiguas leyendas y arrojan una amenazadora luz sobre el extraño comportamiento de su anfitrión.
Así da inicio esta estremecedora novela magistral en la que se reúnen los grandes ejes temáticos de la novela vampírica por antonomasia: la lucha entre el bien
y el mal y la sexualidad del vampiro, en un despliegue estilístico abrumador.
Drácula es una bella historia de amor, al tiempo que terrorífica y original, convertida en una obra de referencia y en un clásico indiscutible e imperecedero dentro del género de terror.
Abraham Stoker nació en Dublín en 1847. Fue un niño enfermizo y desempeñó en su juventud un puesto de funcionario, hasta que a los treinta y un años decidió abandonar su empleo para convertirse en agente y secretario particular del actor inglés Henry Irving, propietario del teatro Lyceum de Londres. En el tiempo libre que le dejaba el trabajo, Stoker no sólo escribió Drácula (1897), la obra que lo hizo inmortal, sino otras novelas fantásticas, como La joya de las siete estrellas (1903), La dama del sudario (1909), o La madriguera del gusano blanco (1911). «Los seres que llamamos vampiros existen. Algunos de nosotros tenemos pruebas irrefutables de ello». Ha pasado más de un siglo desde que el profesor Van Helsing, uno de los protagonistas de «Drácula», pronunciara estas palabras, y el mito sigue vivo gracias a la capacidad sobrenatural del hombre-vampiro para mutar y adaptarse a los nuevos tiempos: infinidad de películas, musicales, cómics, etc., así lo atestiguan.
Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje plagado de ominosas señales, Harker es recogido en el paso de Borgo por un siniestro carruaje que lo llevará, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.
Esta edición conmemorativa, con la cuidada traducción de Mario Montalbán, es perfecta para regalo.
Katherine Mansfield ha logrado retratar como nadie lo que se esconde debajo de la superficie. El entendimiento profundo acerca de las motivaciones de las mujeres en su época la ayudó a encontrar la absoluta tridimensionalidad de sus personajes femeninos. Así combinó lo bello con el espanto y lo sórdido con lo sublime, trabajando con sutileza las finas contradicciones que conforman las múltiples dimensiones de una vida.
Sara Morante, reconocida ilustradora de obras de autoras clásicas, como Jane Eyre, Emily Brontë o Sylvia Plath, es la intérprete perfecta del imaginario literario de Mansfield.