El enfrentamiento entre el refinado y seductor Viejo Mundo, aunque cínico, corrupto y desgastado, y el vitalismo ingenuo pero basto de la riqueza del Nuevo Mundo fue uno de los temas recurrentes de Henry James. El contraste entre ambas culturas, la norteamericana y la europea, le proporcionó el material para novelas como Roderick Hudson (1875), El americano (1877), Los europeos (1878) y esta Daisy Miller (1878).
La historia comienza con el encuentro de dos norteamericanos en un hotel de la rígida y puritana Ginebra: un diletante que parece no decidirse por nada, expatriado en Europa, y una espontánea, coqueta y rústica heredera en viaje "cultural" con su familia. Ambos se sienten atraídos pero el joven Winterbourne reprime su interés ante el prejuicio de sus parientes y amistades por pertenecer Daisy a "la clase de norteamericanos que tenemos el deber de no aceptar". Se da la voz de alarma entre el arribista círculo social de norteamericanos establecidos en Europa y, por su indecisión, Winterbourne es también arrastrado a la implacable respuesta de esta moral colectiva que rechaza a Daisy Miller.
Dos jóvenes se encuentran una tarde de septiembre en un casino alemán; no se conocen ni son presentados; pero él, Daniel Deronda, mira cómo ella, Gwendolen Harleth, juega y pierde a la ruleta. A ella su mirada le parece de «una ironía exasperante». Daniel, hijo adoptivo de un barón liberal que lo ha tratado siempre con cariño y educado impecablemente, pero nunca le ha dicho quiénes son sus padres, vive con un sentimiento de ilegitimidad pero tiene una personalidad afectuosa y sentimientos delicados: es capaz de hacer grandes gestos por los demás. Para Gwendolen, en cambio, los demás solo están para admirarla: está decidida a ser feliz… como mínimo a no dejar pasar la vida igual que otros; y además afirma: Cuando apunto no puedo evitar dar en el blanco. Pero su familia no tardará en caer en la ruina y su única vía de escape será casarse con un hombre rico al que crea que pueda dominar. Deronda, por su parte, rescata de ahogarse en el Támesis a una muchacha judía que ha huido de un padre explotador y se encarga de velar por su porvenir. Las relaciones de estos personajes se entrecruzan de las formas más inesperadas, creando una tensión presidida por el desafío de llevar una vida nueva y desconocida.
La inquietud por la ciencia y la tecnología es el motivo que llevó a Verne a concebir el proyecto de crear una literatura que uniese el entretenimiento con la cultura científica; de esta manera logró anticiparse a los acontecimientos tecnológicos que han revolucionado nuestras vidas: los viajes espaciales, la exploración del mundo submarino, etcétera. Podemos decir que algunas de sus historias de ficción se han convertido en realidad, aunque también creemos que su perdurable popularidad no se debe sólo a este hecho, sino a la innegable calidad artística de sus obras.
En De la Tierra a la Luna Jules Verne imaginó un enorme proyectil disparado hacia la Luna con tres hombres dentro. Avanzada a su tiempo, esta novela se ha convertido en un referente de la ciencia ficción temprana y en una de las más famosas de Verne; asi mismo ha sido adaptada para la gran pantalla en numerosas ocasiones, pero es la adaptación de 1902 de Georges Méliès la que se convirtió en icónica.
Huyendo de la peste de 1348, diez jóvenes florentinos (tres hombres y siete mujeres) deciden refugiarse en la villa de uno de ellos situada en el campo. A lo largo de su ausencia de catorce días, para pasar el rato durante las calurosas horas de sobremesa deciden contarse diariamente (salvo sábado y domingo) cuentos por turno. De ello resulta una colección de cien relatos deliciosa y que reúne los más diversos aspectos de la vida humana, muchas veces con humor, otras con espanto o con un delicado guiño lascivo, mas siempre de una forma que no deja indiferente. El "Decamerón" es una de las grandes obras de la literatura universal.
Estamos ante una joya literaria que ha cautivado a millones de lectores de todo el mundo. El Decamerón, escrito hacia 1350, es una colección de cien cuentos de diversa procedencia, donde Boccaccio pone de manifiesto su inigualable destreza como narrador, una gran perspicacia psicológica, su certera pincelada satírica y una magnífica descripción de las costumbres de la época. Las historias son relatadas por un grupo de diez jóvenes que se retiran a una villa en las afueras de Florencia huyendo del contagio de la peste que asola la ciudad. Allí, durante diez días, cada uno de ellos tiene que desempeñar el papel de anfitrión durante una jornada y hacerse cargo de todas sus actividades. Entre estas destacan especialmente las reuniones donde, para matar el tiempo, los asistentes deben narrar un cuento. Los temas son muy variados y abundan los licenciosos, pero también se narran historias sentimentales, trágicas y moralizantes.