Ella solo tiene un objetivo: ganar.
Ellos han venido a ganarse otra cosa: su corazón.
Adriana Russo lo tiene claro. Quiere conseguir la victoria y salvar el legado familiar. Pero cuando un imprevisto hace que su plan se tambalee, solo le queda una opción para lograrlo: fingir que la química con su pareja de pista va más allá del hielo.
Brayden Elliot no es lo que se dice su tipo ideal, pero ni Adriana es capaz de no caer rendida ante sus encantos. Y no sería difícil creerse su relación (ni que se volviese real) si no fuese por Freddie O’Connell.
Hace dos años que Freddie y ella dejaron de ser amigos y pareja de patinaje, pero Adriana no puede ignorar el aleteo que aún siente cuando tienen que compartir espacio.
Con el campeonato de su vida delante, no puede permitirse distracciones. Pero ¿y si el amor fuese la verdadera medalla de oro?
¿Qué fue primero? ¿Los ojos azules o los cafés? ¿Y si el Boulevard fue de alguien más?
Antes de Hasley Weigel, existió Bella Adams: el primer amor de Luke, la chica que creyó que el tiempo podía construir un «para siempre».
Durante casi dos años, Bella peleó contra el muro que Luke levantó para no sentir, hasta que se cansó de romperse en silencio y decidió dejarlo ir…
Esta historia demuestra que el destino no se mide en tiempo ni en promesas. A veces, puede llegar una persona y hacerte sentir en un instante lo que no habías sentido en años.
Scarlett Vandermeer combina sus estudios en Stanford con una carrera como saltadora de trampolín e intenta no llamar la atención mientras se concentra en ingresar en la facultad de medicina y en recuperarse de la lesión que casi acaba con su carrera. No tiene tiempo para relaciones, o al menos eso se dice a sí misma.
Lukas Blomqvist, campeón del mundo de natación, se nutre de la disciplina. Así es como gana medallas de oro y bate records: concentración total en cada brazada. En apariencia, Lukas y Scarlett no tienen nada en común. Hasta que un secreto bien guardado sale a la luz y todo cambia.
Un mundo en la oscuridad.
Una chispa ardiente.
Un fulgor de las estrellas.
Bryce Quinlan nunca esperó ver otro mundo diferente a Midgard, pero, ahora que lo ha hecho, lo único que quiere es regresar a su hogar. Todo lo que ama está en Midgard: su familia, sus amigos, su pareja. Atrapada en un mundo extraño, necesitará hacer acopio de todo su ingenio para poder volver a casa... y no será una tarea fácil, porque no tiene ni idea de en quién puede confiar.
Hunt Athalar se ha visto envuelto en bastantes líos a lo largo de su vida, pero este podría ser el más complicado. Después de conseguir todo lo que siempre quiso, ahora está de nuevo encerrado en los calabozos de los Asteri, sin conocer el paradero de Bryce. Está desesperado por ayudarla, pero mientras no pueda escapar del yugo de los Asteri, tiene las manos atadas. Literalmente.
Mi padre y yo llevábamos años distanciados. Pero, como soy su único pariente vivo, no ha sido ninguna sorpresa que al morir me dejara en herencia su inmenso rancho ganadero. ¿Qué es lo que sí me ha sorprendido? La condición de su testamento en la que me obliga a vivir en el rancho y administrarlo activamente durante un año entero si quiero acceder al dinero de mi herencia.
No he vuelto a poner un pie en Hartsville, Texas, un pueblo de mil habitantes, desde que mis padres se separaron cuando yo tenía seis años. Después de convertirme en una chica de ciudad de la cabeza a los pies, nunca imaginé que tendría que volver a territorio cowboy. Pero necesito el dinero para invertirlo en mi empresa.
Solo hay un gigantesco obstáculo que podría frustrar mis planes: el que lleva el rancho, un vaquero gruñón llamado Cash Rivers. Me da igual lo bien que le queden los Wranglers. Es un maleducado y quiere que me vaya. Lo despediría de inmediato, pero necesito que ese cowboy me enseñe los entresijos de cómo llevar una vida aquí.
Somos enemigos desde el principio, pero resulta que a Cash se le da de maravilla esto del rancho. Tiene unas manos fuertes, la cabeza bien amueblada y digamos simplemente que es verdad eso de que en Texas todo es más grande. Al trabajar juntos, poco a poco nos vamos acercando y acabamos conversando bajo las estrellas. Además, si a eso le sumamos algún que otro baile agarrados en el bar local, todo parece tan perfecto que creo que empiezo a enamorarme de la vida en el rancho. Y quizá también de él
Pero mi estancia en Hartsville solo es temporal. Y ya sabemos qué dicen de los vaqueros: pueden romperle el espíritu a un caballo, pero también pueden romperte el corazón. Ojalá Cash no le hubiera echado el lazo ya al mío