Seis cuentos para acompañar las emociones de la infancia desde el respeto, la calma y la conexión.
Cuentos Montessori para acompañar las emociones reúne seis relatos que narran un solo día en la vida de Olivia, una niña curiosa, sensible y muy viva. A través de su mirada, los lectores acompañan un día aparentemente ordinario que, como suele ocurrir en la infancia, está repleto de pequeñas grandes emociones: alegría, frustración, enfado, inseguridad, tristeza, entusiasmo o impaciencia.
Desde que se levanta feliz porque es martes y hace sol hasta que se acuesta tras un momento de juego y conexión con su familia, Olivia vive situaciones cotidianas ―en casa, de camino a la escuela, en el parque, en la cocina, a la hora de dormir― que le despiertan sensaciones intensas. En cada cuento, los adultos que la rodean la acompañan con una actitud respetuosa y disponible, sin imponer, sin invalidar, sin resolver por ella lo que puede intentar por sí misma.
En esta historia... ¡el cronómetro corre más que tú!
¿Quién dijo que madrugar fuese sano? Yo, desde luego, no. Salgo a correr por Ratonia y… ¡PUM!: la ciudad entera está empapelada con la sonrisa de Míster Optikus, un ratón del que no me fío ni un bigote.
Para colmo, por echarle una pata a un amigo acabo atrapado en su escape room: un laberinto de espejos tramposos, trampillas traicioneras y palomas con complejo de guardaespaldas. ¿Lograré salir con el pelaje intacto? Pasa página y descúbrelo: aquí dentro la magia tiene su precio.
Un loro bocazas, un robo millonario… ¡y Geronimo al rescate!
¡Chocolate caliente, sofá y manta! Ese era mi plan en la tarde más gélida del invierno… hasta que mi primo Trampita apareció con un papagayo herido y muy chillón. Lo bautizamos Eco y, entre picotazo y picotazo, no dejaba de repetir una frase rarísima:
«¡Cava, bobo! ¡El oro está debajo del río!»
¿Una simple locura de loro… o la pista secreta de un tesoro escondido?
Para descubrirlo tendrás que acompañarme en una investigación llena de túneles misteriosos, trampas caseras y carcajadas superratónicas. ¡Ayúdame a descifrar los graznidos del pajarraco y a desenmascarar a la banda cavadora antes de que me dejen sin orejas ni bigotes!