Hola, soy el tío que lee tus mensajes y, por cierto, me he enamorado de ti...»
Beth y Jennifer trabajan en el departamento de redacción de un periódico. Son inteligentes, divertidas y muy buenas amigas, y suelen escribirse correos en los que discuten aspectos de sus vidas personales, pero lo que no saben es que un compañero de trabajo también los está leyendo.
Lincoln O'Neill es el tipo que lee los correos. Ese es su trabajo en la empresa. Debería haberlas advertido la primera vez que transgredieron las normas, pero las dos parecen tan majas... Le gustan, le gustan mucho, sobre todo Beth.
¿Podrías enamorarte de alguien a quien no has visto nunca?
Voy a salvarte, seis.
Mientras el mundo se desmorona a su alrededor, la vida de Joey Lynch es más turbulenta que nunca. Desesperado por sentirse digno de la única persona en la que ha confiado jamás, Joey lucha por alejarse de un entorno que amenaza con destruirlo todo. Pero, con tanto en su contra, ¿logrará mantenerse a flote?
Sin intención de abandonar al chico al que ama, Aoife Molloy pelea por salvarlo de la autodestrucción. Ahogándose en un mundo que no comprende, sin otra guía que los dictados de su corazón, se niega a darle la espalda a Joey incluso cuando parece que tienen todas las de perder.
Pese al sufrimiento y el horror, Aoife y Joey nunca han dejado de apoyarse el uno al otro, ¿será esta vez diferente?
Un mundo en la oscuridad.
Una chispa ardiente.
Un fulgor de las estrellas.
Bryce Quinlan nunca esperó ver otro mundo diferente a Midgard, pero, ahora que lo ha hecho, lo único que quiere es regresar a su hogar. Todo lo que ama está en Midgard: su familia, sus amigos, su pareja. Atrapada en un mundo extraño, necesitará hacer acopio de todo su ingenio para poder volver a casa... y no será una tarea fácil, porque no tiene ni idea de en quién puede confiar.
Hunt Athalar se ha visto envuelto en bastantes líos a lo largo de su vida, pero este podría ser el más complicado. Después de conseguir todo lo que siempre quiso, ahora está de nuevo encerrado en los calabozos de los Asteri, sin conocer el paradero de Bryce. Está desesperado por ayudarla, pero mientras no pueda escapar del yugo de los Asteri, tiene las manos atadas. Literalmente.